domingo, 16 de junio de 2024

Punto y aparte

Llevo tres meses resistiéndome a abandonar este espacio virtual en el que acostumbro - por desgracia cada vez con menor frecuencia - a vomitar pensamientos, opiniones y recuerdos, a veces sin orden ni concierto y otras revisando cada coma, cada concepto y cada idea hasta la extenuación creativa. Tan sólo hay que repasar las últimas entradas que he ido compartiendo para percatarse de que mi productividad se ha reducido a niveles alarmantes y hasta incluso vergonzosos. Por no hablar de que los temas y el estilo se han empobrecido, debido fundamentalmente a la urgencia de escribir en los pocos ratos libres que encuentro, siempre pendiente al mismo tiempo de otras tareas más acuciantes a las que me empujan mis obligaciones laborales o domésticas, sin la calma necesaria para elaborar textos que reflejen de manera honesta mis estados de ánimo ni la tranquilidad suficiente para hacer algo más amenas las anécdotas que de tarde en tarde mi memoria se digna a recuperar. Son ya muchas semanas penando por no poder dedicar a este blog el tiempo y el esfuerzo que creo que se merece y albergando dudas sobre la vigencia o decadencia de la ilusión con la que lo puse en marcha y con la que he intentado mantenerlo vivo durante estos casi dos años. Por mí especialmente, por mi salud mental, dado que nada, salvo quizá el ejercicio físico, le desintoxica a uno tanto como la escritura. Pero también por los que me leen y que a veces me escriben por privado para felicitarme por tal o cual post o para decirme cuán identificados se han sentido en relación a algún asunto que me ha dado por tratar.

Sea como fuere, hay un momento para cada circunstancia y, dado que las mías han cambiado tanto durante lo que va de año, he llegado a la conclusión de que poco o ningún sentido tiene mantener activo este cuaderno de bitácora ahora que lo siento más como un deber que como el pasatiempo que ha significado para mí durante tantos meses. Y es que, cuando puse en marcha este proyecto, hace casi dos años, lo hice con dos propósitos claros: el primero y más obvio, escaparme de la depresión en la que la enfermedad y la consecuente incapacidad para desempeñar cualquier trabajo que entonces padecía me estaba hundiendo; sentía arenas movedizas bajo mis pies, una sima de pena y auto-compasión hacia la que me estaba despeñando sin remisión. El segundo, la necesidad que empezó a invadirme de recuperar la afición por escribir que desde muy joven me dominó, el incomparable reto de contar historias, la aventura apasionante de inventar personajes y el deseo irrefrenable de sumergirme en otros mundos. Respecto al primero, este blog superó mis expectativas y puedo afirmar sin fisuras que ha cumplido con creces su objetivo, dado que fue un elemento crucial para mantenerme activo y optimista durante tan larga convalecencia y una pieza clave en mi reincorporación al mundo laboral cuando aquella finalizó. En cuanto al segundo propósito, lo consideró inconcluso, dado que, si bien dejo escritos tras esta etapa más de ciento cincuenta artículos, dos decenas de relatos cortos, cinco novelas iniciadas que espero retomar algún día y un pequeño manual de auto-ayuda (también incompleto) para quienes sufren de neuralgia post-herpética, el hecho de no haber encontrado aún mi estilo narrativo me deja en el alma un sabor amargo que me costará disimular.

Quizá por eso me niego a poner punto y final a este proyecto. Quiero seguir escribiendo. Ansío hallar a través de la escritura la mejor versión de mí mismo, ya no como escritor, dado que he comprendido que nunca dejaré de ser un simple aprendiz del arte literario, sino como persona. He aprendido de mí mismo durante estos dos últimos años mucho más que en los cuarenta y ocho anteriores. Y ha sido una de las experiencias más emocionantes e íntimas de mi vida. Me motiva saber que ese ejercicio, el de profundizar en mí mismo, el de descubrir aristas y ángulos propios que hasta ahora me habían pasado desapercibidos, es interminable, nunca acaba. Y por todo ello, este artículo es tan sólo un punto y aparte que encierra en sí mismo un propósito que considero noble y sincero.

Ahora que he regresado a la vida común, con un nuevo trabajo que me quita muchas horas pero en el que me siento mucho más cómodo y feliz de lo que podía haber imaginado durante la primera entrevista que mantuve con la empresa, es el momento de redistribuir mi tiempo. Quiero volver a calzarme mis zapatillas deportivas y salir a caminar con asiduidad, algo que por mis dolencias me ha estado vedado durante todo este tiempo; quiero compartir más tiempo con mi familia y amigos, a quienes no siempre he atendido como realmente se merecen durante las horas más oscuras de mi existencia; y por supuesto, quiero seguir escribiendo, pero de otra manera, más cuidadosa, más creativa, menos forzada y también, por el momento al menos, más íntima y personal. Tal vez, dentro de unos meses o unos años, recupere este blog. O cree uno nuevo y diferente. O tal vez no haga ninguna de las dos cosas y lo que escriba se quede únicamente en el disco duro de mi ordenador personal. El tiempo lo dirá.

Explicadas ya las razones en las que me apoyo para concluir esta pequeño ejercicio literario, tan sólo me resta agradecer a quienes, de manera puntual o de forma constante, me han acompañado, animado y aconsejado durante estos veintiún meses. Vuestros comentarios y opiniones han sido un aliciente inesperado y maravilloso que, os aseguro - incluso en los más flojos artículos que he pergeñado-, me han impulsado a intentar dar en este espacio lo mejor de mí mismo.



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