Tuve la fortuna de crecer en un entorno en que la literatura no era una afición, sino más bien una necesidad. Pero en mi familia no sólo los libros estaban muy presentes en nuestro día a día: visitar museos, ir al cine, escuchar música, asistir al teatro... todas ellas eran actividades cotidianas tanto en casa de mis padres como en las de abuelos, tíos, primos, etc. Sobra decir que eran tiempos en que no existían más dispositivos móviles que los que iban a pilas, como aquellos transistores que todas las abuelas y madres tenían en sus cocinas para escuchar noticieros o radionovelas mientras atendían las tareas domésticas. La aparición de teléfonos móviles, tablets u ordenadores portátiles acaeció tiempo después y cambió por completo nuestra visión de la cultura y de la distribución de la misma. Sobre si fue para bien o no, probablemente reflexionaré otro día sobre ello de manera más profunda..
No me cuesta recordarme, con once o doce años de edad, negociando con mis padres minutos por las noches, ya en la cama arropado, para leer un poco más antes de dormirme. O aplastado en el despacho de mi abuelo bajo el peso de uno de los voluminosos tomos de aquella colección de obras completas de Julio Verne que me parecía el tesoro más valioso que se podía descubrir en aquella casa. No teníamos Netflix, por lo que las películas de Gary Cooper, John Wayne o Robert Mitchum de TVE los sábados después de comer se convertían en un acontecimiento para el que toda la familia se reunía ante la televisión. Y como estos, muchos más recuerdos vinculados a la presencia de la cultura en mi infancia.
Pero fueron las letras las que me marcaron para siempre. Nunca he dejado de leer. Creo que jamás he pasado más de veinticuatro horas sin perderme unos minutos entre las líneas de la novela que tuviese entre manos en ese momento. Y ya desde pequeño, aunque en algún momento soñé con ser un James Dean o un Elvis Presley a la española, quise ser escritor. Me tomaba muy en serio, tal vez demasiado, todo lo relacionado con esa ambición. Escribía cuentos al principio, reseñas de mis autores favoritos o, más adelante, cuando Bécquer irrumpió en mi vida, poesías. Durante la adolescencia, con las hormonas revolucionadas, empecé a escribir menos. Y lo dejé casi por completo cuando me introduje en el mercado laboral, me casé y comencé a formar una familia.
Así que, ¿por qué este blog? Por el momento simplemente por el gusto de escribir. Con eso me bastaría... pero también me agradaría que se convirtiese además en un espacio donde intercambiar opiniones y experiencias de manera que todos los que se animen a darse un paseo por el blog puedan sumar y sacar también algo de provecho.
¿Por qué ahora? Porque llevo meses encallado en una situación desesperante. Desempleado y sin opción de buscar trabajo debido a una enfermedad que no me matará, pero que me lo está haciendo pasar mal y lo que te rondaré, morena. Porque ahora dispongo, en consecuencia, de más tiempo libre. Y sobre todo porque tengo unas ganas de escribir que me superan.
¿Y de qué voy a hablar? De lo que me apetezca, sin periodicidad fija, sin una agenda. Habrá días que hable de cómo me siento, otros de las cosas que van ocurriendo a mi alrededor, al siguiente de la última película que me ha emocionado o me ha hecho reír. Habrá días en que no escriba y otros en que me vuelva loco y publique tres entradas. El caso es escribir, volver a disfrutar de esos ratos en los que de niño, asomando la punta de mi lengua por la comisura de mis labios y cogiendo con torpeza el lapicero, soñaba e imaginaba historias que contar.
Espero que aquellos que me acompañéis disfrutéis también leyéndome.

Deseando leer tanto buen pensamiento de una persona maravillosa
ResponderEliminarGracias, Libe, amigo y compañero sufridor de grada. Deseando estoy yo leer vuestros comentarios en aquellos textos que os puedan interesar. Y habrá muuucho basket!!!!
ResponderEliminarTe leeremos y acompañaremos desde nuestras pantallas. Porque hay veces que escribir descarga la mente. Ánimo, todo pasará, pero mientras tanto lucha por tus sueños y no dejes de escribir.
ResponderEliminarGracias, Cristi. En estos momentos que estoy atravesando la escritura me distrae y me libera. Aparte de lo que disfruto haciéndolo, por supuesto. Y es absolutamente gratificante saber que al otro lado de la pantalla hay quien me acompaña. Besos.
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