viernes, 9 de febrero de 2024
Zorra
domingo, 7 de enero de 2024
Hablando en serie
jueves, 20 de julio de 2023
Así nos ven
sábado, 11 de marzo de 2023
The last of us
sábado, 18 de febrero de 2023
El Doctor Jeckyll y Mr. Hyde
La víspera de Reyes del año 1886, Robert Louis Stevenson, que ya se había hecho famoso en toda Gran Bretaña pocos años antes con La isla del tesoro, publicó un relato corto llamado El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde en el que un abogado investiga la posible relación entre un viejo amigo científico y un criminal que campa a sus anchas por la ciudad cometiendo las mayores atrocidades. Esta novela sienta las bases de lo que años después, en psiquiatría, se conocería como el trastorno disociativo de la identidad o trastorno de personalidad múltiple. Pero no es de psicología de lo que hoy quiero hablar, aunque me servirá para sostener mi argumento, sino de, una vez más, nuestros hijos.
Yo no sé si ocurrirá en todos los hogares, pero lo que sucede en el mío cuando cualquiera de mis angelicales criaturas agarran el mando y se sientan frente a la televisión para jugar a la consola me plantea una disyuntiva complicada: ¿la desconecto o llamo a un exorcista?
Tal y como el Dr. Jekyll se transformaba en el malvado señor Hyde tras consumir una pócima de su invención, así mis hijos, especialmente el pequeño, se convierten en gárgolas malhabladas y de trato arisco cuando dedican su tiempo a la Playstation. Decirles que se supone que es esa una actividad para entretenerse y relajarse es como nombrar a la bicha, inmediatamente te conviertes en el centro de sus iras. El mero hecho de pasar a su lado y recordarles que tienen que bajar la basura o que en media hora nos vamos a comer a casa de sus abuelos recibe como respuesta, en el mejor de los casos, un gruñido gutural y espeluznante. Eso por no hablar de las lindezas que les dedican a voz en grito a sus rivales como si fuesen hooligans ingleses absolutamente embolingados.
Recientemente Marcos, de la rabia que se apoderó de él al perder un partido o ser castigado con un penalty en contra en el Fifa23, vete tú a saber, pegó tal golpe contra el mural del salón que rompió uno de los cristales del mueble. El muy cachondo se protege preguntándonos que a ver quién tiene en el bloque un mueble tuneado como el nuestro.
Y es que resulta que nosotros tenemos la consola en el salón, lugar de paso frecuente para toda la familia. Esto compromete también la televisión principal de la casa, lo que los fines de semana, que es cuando están autorizados a jugar, hace que se produzcan situaciones conflictivas si queremos ver, por ejemplo, una película. Les cuesta entender que no es que nosotros les echemos del salón, sino que se acabó el período de concesión de ese espacio que nosotros, como propietarios de la casa, les otorgamos.
Anda por lo tanto Marcos exigiendo que reformemos su dormitorio para disponer de su propia tele y Playstation, algo a lo que, por razones logísticas en primer lugar y por motivos de salud mental en segundo, nos negamos en redondo. Emplea las más sutiles estrategias para alcanzar su objetivo y parece que no se rendirá en su propósito pese a que le hemos dejado claro que lo solicitado nunca le será concedido. Pero ahí continua, intentando beneficiarse de esas ocasiones en que nos ve con la guardia baja, a veces provocadas por él mismo mediante zalamerías y caricias.
Así que la alusión al célebre personaje de Stevenson cobra todo su sentido porque mis hijos son entre semana unos para convertirse, consola mediante, en otros muy diferentes los sábados y domingos. Y eso por no hablar de las vacaciones, cuando el salón de mi casa se transforma en el gallinero de un estadio de fútbol o baloncesto y nos toca a nosotros convertirnos en los malos de la película intentando hacerles comprender que son víctimas de la más sutil clase de brujería y que el mundo que tienen que descubrir, que necesitan descubrir, está sólo a unos pasos de ellos, justo al otro lado de la puerta.
jueves, 2 de febrero de 2023
The Crown
¿Cómo es posible que una serie de televisión que aborda un asunto a priori tan soso como es la historia de la monarquía británica durante el siglo XX vaya ya por su cuarta temporada, obteniendo premios y mejorando año tras año sus niveles de audiencia y sus calificaciones en páginas especializadas como Rotten Tomatoes? Esta fue la pregunta que aproximadamente hace dos años me hice con motivo del sonado estreno de su cuarta entrega en Netflix. El atractivo que hasta ese momento tenía para mí el asunto, el justo. Siempre me ha parecido la inglesa una de las familias reales más aburridas, viviendo en un universo absolutamente alternativo, exento de preocupaciones y plagado de lujos. Que en el Reino Unido tuviese éxito la serie tenía su explicación por lo arraigada que se encuentra la institución real en la cultura británica, pero que triunfase también en el resto del continente, era algo que no me podía explicar.
Así pues, ni corto ni perezoso, me sumergí en "The crown" con esa sensación de "no voy a aguantar ni dos capítulos" que me asalta frente a series de éxito que intuyo me van a defraudar. Mi sorpresa fue mayúscula y hoy, tras haber finalizado la quinta temporada y rezando para que la siguiente no tarde otros dos años en ver la luz, puedo responder a la pregunta que en su día me hice.
En segundo lugar está la selección que los realizadores han hecho de los episodios más relevantes del reinado de Isabel II y la manera en que se abordan los hechos. La originalidad es una de las garantías de calidad de este producto y es claramente apreciable en la forma en que nos invitan a conocer, por ejemplo, hechos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, el suceso de la gran niebla tóxica que asoló Londres en diciembre de 1952 o la irrupción de Dodi Al-Fayed en la vida de la princesa Diana. Todos los capítulos arrancan de una manera única y con una calidad cinematográfica impresionante.
Los escenarios y las localizaciones en las que se ha rodado hasta la fecha "The Crown", aun no siendo las verdaderas, recrean con absoluta precisión los palacios de Buckingham o Kensington y la abadía de Westminster, entre otras. En cuanto a las exteriores, cabe mencionar que tanto Málaga, donde se recrea el viaje de la reina Isabel II y su marido Felipe a Australia, y Barcelona, ciudad en la que se grabaron los planos correspondientes a las escenas parisienses, son algunas de las ubicaciones utilizadas. La majestuosidad de los decorados, la elegancia del vestuario y una fotografía excepcional convierten la serie en un espectáculo visual deslumbrante.
Pero si te gusta la Historia o si eres un fanático de las grandes interpretaciones y el cine de calidad, no dudes en verla. Te garantizo que no te defraudará.
jueves, 19 de enero de 2023
Entrenador Mosley
Las palabras de un entrenador pueden cambiar radicalmente la vida de un chaval.
Esta frase, que el entrenador de baloncesto del East Los Angeles College pronuncia en el último capítulo de Last Chance U Basketball, resume lo que esta docuserie deportiva propone. Porque, si bien los capítulos giran en torno a la vida de los chavales con problemas que llegan al centro y que intentan aprovechar, a través del baloncesto, una de las últimas oportunidades que les quedan para enderezar sus vidas, es su figura la que protagoniza realmente esta inspiradora historia.
El deporte y la juventud están íntimamente ligados y, siendo como es la adolescencia una etapa de conflictos internos de amplio espectro, la influencia que un entrenador (de cualquier disciplina) tiene sobre los jóvenes a su cargo no es nada desdeñable. A mí me ocurre a veces que mis hijos no han seguido ciertos consejos que les he podido ofrecer en momentos concretos, no necesariamente relacionados con el baloncesto, hasta que sus entrenadores se han expresado en términos similares.Y entonces, sí, eso pasa a ser palabra sagrada. En el caso de los alumnos del ELAC esto se eleva a la enésima potencia, dado que hablamos de jóvenes que tienen serios problemas de adaptación.
John Mosley dirige desde hace veinte años un programa de apoyo a estudiantes de entre diecinueve y veintidós años que han tomado malas decisiones en su vida o que se han visto perjudicados por las tomadas por sus padres. Todos ellos tienen en común dos cosas: su pasión por el baloncesto y la necesidad perentoria de aprobar sus estudios preuniversitarios para obtener una beca deportiva en alguna Universidad que les pernita acceder a una vida más digna. Y el entrenador Mosley se convierte para ellos, durante los dos años que pueden permanecer en el colegio, en tutor, sargento, hermano, padre y todo lo que sea necesario para que al menos unos pocos alcancen su objetivo.
Durante las dos temporadas que actualmente pueden verse en Netflix -y no parece que vaya a ver más por la manera en que se cierra la segunda- seguiremos muy de cerca a las dos últimas promociones que han pasado por el ELAC y los esfuerzos que Mosley y su equipo de entrenadores hacen para que estos muchachos puedan integrarse en la sociedad en base a unos valores centrados en la unidad y el esfuerzo. No seremos capaces de enfadarnos con el coach cuando le veamos forzar los límites deportivos y personales del grupo con el fin de obligarles a madurar y ser conscientes de la precaria situación personal en la que se encuentran y el pobre futuro que puede esperarles a cada uno de ellos si no exprimen la oportunidad que se les brinda. Y no lo haremos porque también nosotros nos sentiremos parte de ese cuerpo técnico cuyo único objetivo es ayudarles a ser mejores para que puedan labrarse, ya no una carrera deportiva (algo que indudablemente sí tienen en mente los jugadores), sino un porvenir que les haga sentirse orgullosos de ellos mismos.
lunes, 2 de enero de 2023
El nuevo Verano Azul
Los motivos de este blog
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Me sucedió una cosa curiosa la otra tarde mientras circulaba con el coche por mi antiguo barrio, a la búsqueda de un sitio donde aparcarlo c...
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Hace un par de tardes, al salir yo de la ducha con la cabeza más despejada después de varias horas de estudio frente al ordenador y paladean...





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