sábado, 6 de mayo de 2023

El inicio de una nueva etapa

Juro que por mi cabeza no había pasado la idea de escribir ni una línea más sobre la salida de Nuria del Ramón y Cajal o de su incorporación al Hospital Universitario de Móstoles. Y tampoco pretendo ser el típico cansino que no hace más que hablar por los codos de su pareja, pero es que esta mujer, para bien o para mal, no dejará nunca de sorprenderme, algo que agradezco cada vez con mayor transparencia. Poned una loca risueña en vuestra vida y veréis cómo no os decepciona.

El escenario en que se representa la situación que voy a describir no es otro que el Salón de Actos de su nuevo destino hospitalario y el motivo que allí nos llevó la mañana del cuatro de mayo era principalmente jubiloso. A pesar de ello, nos encontrábamos los dos, especialmente ella, algo nerviosos. Hablé en un texto anterior de que hay momentos que resultan críticos en la vida de cualquiera, sobre los que no tienes el más mínimo control y que además no puedes predecir. En este caso era todo lo contrario, ya que sabíamos que el mero hecho de estar allí, expectantes, ya constituía el inicio de una nueva etapa de nuestras vidas. Al fin y al cabo no todos los días firmas un contrato fijo con la Administración Pública para convertirte en personal estatutario. Ya sabéis: trabajo fijo de por vida, un buen salario y, cuando llegue el día, una cómoda jubilación. Los nervios que nos atenazaban se debían a que hasta quince minutos antes no nos habían facilitado un listado de las unidades que ofertaban plazas y a Nuria le estaba costando poner en orden sus ideas y sus opciones por la inmediatez del momento.

Os ruego a quienes el tema ya os aburra,  que me perdonéis, pero es que el orgullo y la admiración no me caben dentro de mis casi noventa kilos de humanidad. Bueno, seré honesto, noventa y uno exactamente, que la forzosa inactividad de estos últimos meses empieza a pasar su factura.

Nuestra primera sorpresa al iniciarse el acto ha sido que no era, como ella había calculado, la séptima para elegir plaza, sino ¡¡¡la tercera!!! Que se dice pronto. La tercera. Allí delante de nosotros estaba, en la inmensa pantalla en la que el proyector mostraba el listado de personas en un Excel, ordenados por su puntuación final. Situémonos, por favor, antes de continuar.


Hablamos de una oposición para la que se ofertaban alrededor de cuatro mil plazas. Oferta pública generosa, pero lejos de ser sencilla de aprobar. Y va ella y consigue quedar entre las ciento diez mejores. Con dos ovarios muy bien puestos. Para el Hospital de Móstoles se ofertaban ochenta y nueve plazas, mayoritariamente turnos de tarde. Muy pocos de mañana, que era su aspiración. También partiendo de un séptimo puesto lo habría conseguido, pero un tercero.... eso era como ganar un anillo de la NBA. O mejor aún.

Sin dudas ya de que el turno anhelado, el de mañana con sus respectivas noches, estaba garantizado, tan sólo restaba seleccionar la unidad. Y ahí es cuando mi querida esposa, al llegar su turno, dejó ojipláticos a todos los presentes y provocó los primeros murmullos de sorpresa mal contenida.

-¿Nuria Cardona Aguilera?
- Yo. Medicina interna en turno de mañana.

Con voz clara y sin el menor atisbo de duda. Yo me imaginaba, entre los distintos supervisores de planta situados en la última fila, a la responsable de Medicina Interna incorporándose para localizar la cabeza de Nuria e intentando dilucidar si le había tocado el típico estereotipo machista de rubia tonta o una sadomasoquista con tendencia al suicidio.


A los profanos, como lo era yo antes de entrar al auditorio, se nos tiene que explicar a qué viene esa estupefacción generalizada, pero uno, a poco que sea mínimamente perspicaz, se daría cuenta de que los turnos de mañana se van agotando a un ritmo desenfrenado mientras el acto avanza, salvo los de Medicina Interna, la unidad que ha elegido la mujer que tengo sentada a mi lado, que se muestra ahora tranquila y relajada y a la que yo miro admirado agarrado de su mano. O ella de la mía, que para el caso es lo mismo. 

Aunque no tengo la certeza de ello, por algunas exclamaciones en voz baja de las personas a las que les va tocando elegir, deduzco que hay gente que aspiraba a un turno de mañana y que, en vez de pronunciar las mismas palabras que Nuria, optan por seleccionar las vacantes de tarde en Urgencias, Obstetricia o Traumatología. ¿Qué ocurrirá en ese lugar para que nadie lo solicite o para que los que lo eligen lo hagan con cara de haberse tragado un alambre lleno de espinas?

Pues sencillamente que esa es la planta donde más trabajo hay. La que nadie, salvo Nuria, quiere. Y lo que ella ansía es currar y ayudar donde más falta haga. Sé que ella no soportaría estar en una consulta desempeñando trabajo administrativo o en la que lo más complicado a lo que uno se enfrenta sea asegurarse de que la máquina de café no se estropee.

Lo que esto dice del resto de personas en la misma coyuntura que Nuria es algo sobre lo que cada cual es libre de sacar sus propias conclusiones. Yo, por mi parte, prefiero no opinar dado que cada una de ellas tendrá sus legítimas razones y todas ellas me parecen respetables, pero una vez más, una anécdota como esta describe a la que a mi lado se acuesta cada noche como el modelo de profesionales que el sector público en general y la Sanidad pública en concreto necesita. O al menos como el prototipo de sanitaria implicada en su labor con la sociedad que debería prevalecer sobre el funcionario clásico del "vuelva usted mañana". Es mi forma de entenderlo.

La cabrona ha entrado en esta plaza habiendo ya cortado las dos orejas y el rabo sin haberse puesto siquiera el traje de luces. ¡Olé! ¡Olé! ¡Y olé!

Tras el acto, las distintas supervisoras van llevándose a sus nuevas adquisiciones a las respectivas plantas para enseñarlas las instalaciones en las que van a trabajar, entregarles las planillas y comentar el tema de las vacaciones. Son las dos de la tarde y pega el sol con ganas. Yo podría, al vivir justo al lado del Hospital, subirme a casa y esperarla allí, pero me niego por una sencilla razón: quiero ser el primero al que se encuentre cuando salga. Pero tarda en hacerlo. Voy viendo salir ya a la gente que se ha ido a otras plantas. Pero dan la tres y ella no sale. Tampoco me extrañaría que haya solicitado ponerse ya a trabajar o que ande sometiendo a interrogatorios a supervisora, nuevas compañeras y hasta pacientes, pienso.

Sale a las tres y media con una sonrisa de felicidad y confieso que yo respiro aliviado, ya que he sido durante estos meses quien más la ha animado a dejar el Ramón y Cajal y a venirse aquí, justo al lado de casa. Quiero que todo salga bien. Por ella sobre todo, claro, pero también para que no pueda echarme en cara haberla empujado a un destino aburrido o desagradable. Lo cierto es que está más que feliz. La euforia la embarga. Nos embarga a los dos.

Hoy es sábado por la mañana y ya ha trabajado una mañana y una noche. Le han proporcionado su uniforme, su tarjeta identificativa, sus zuecos y sus horarios del mes de mayo. La veterana que la asignaron el primer día para hacer de mentora la busca hasta para fumar porque parecen haber congeniado y parece ser también de las que curran bien y con ganas. La planta, a la que tanto miedo le tenía el resto de candidatas, es, según cuenta Nuria, pan comido en comparación con la Ortogeriatría del Ramón y Cajal de la que ella procede. Hay mucho que hacer, pero no parece a primera vista tan dura como aquella. Y el ambiente entre compañeros, quitando a las típicas acomodadas sin ganas de hacer nada que les malogre la permanente, que por desgracia las hay en todos lados y son en mi opinión el mayor cáncer que afecta al sector público, el ambiente, como decía, es bueno.


Ahora está durmiendo tras su primera noche. Descansando para recuperar fuerzas porque mañana, día de la Madre, volverá a trabajar. Y lo hará saliendo de casa a las ocho menos veinticinco en vez de a las seis y cuarto de la madrugada. Y a las tres y diez podrá sentarse a la mesa con su familia, algo que antes sólo ocurría en su día libre. Calidad de vida.

Y yo ahora me pregunto si su nueva supervisora se habrá percatado de que no era ni la rubia tonta ni la sado suicida. Si se habrá ya dado cuenta de que el Hospital de Móstoles ha fichado a la Messi de las Auxiliares de Enfermería y que ha tenido la fortuna de que vaya a jugar para ella, en su equipo.

Si no lo ha hecho ya, no tardará. 

Fijo.

8 comentarios:

  1. Yo en ningún momento pensé que Nuria iba a elegir una planta tranquila, los que la conocemos sabemos que ella no es de las que se sientan y miran le gustan los retos, así que se amarren los machos aquellas que tenga a su alrededor y les guste estar relajadas porque les ha llegado un huracán

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  2. Pues yo, puestos a elegir, prefiero que esta oportunidad le haga bajar un poco el ritmo más que obligar a las demás a subirlo. Besos!!!

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  3. Jamas dejes de escribir sobre Nuria porque ami por lo menos me encanta me haces sonreir!!
    Y como bien sabes la gente que la conocemos ya sabiamos que es una tia curranta y prfiere una unidad que se curre a estar sentada es todo una terremoto!!!
    Sigur escribiendo asi Santi da gusto leerte!!

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    1. Ya sabes que es mi tema favorito y que la moza da mucho juego, pero como lo centre sólo en ella va a haber gente que me la va a querer quitar, jajaja. Gracias, Roci. Besos!!!

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  4. Felicitarte por tus relatos de vida Santi. Mi enhorabuena a Nuria. Quien persevera obtiene su recompensa. Un abrazo

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  5. Ah, el anónimo anterior soy Julián 😅

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