La convivencia en un hogar con hijos adolescentes puede ser en ocasiones complicada. Lo cierto es que con los hijos casi siempre lo es, pero cuanto más autónomos se vuelven, más tienden al conflicto las relaciones paterno-filiales A nadie le preparan para ser padre (o madre) y, cuando te engañas pensando que ya lo dominas, tu hijo avanza a un nuevo nivel y te das cuenta que hay que volver a empezar, que lo aprendido sirve de relativamente poco. Hay que diseñar nuevas estrategias y articular nuevos argumentos, replantearte tu posición, intentar recordar quién eras y qué sentías cuando tenías su edad, negociar contigo mismo y por supuesto con tu pareja para luego poder regatear con tu hijo. Alinearse, en definitiva. O armarse para la batalla, que estoy seguro que para muchos en esta situación el símil tendría validez. Sin embargo, hay veces en que te invade la frustración porque tus esfuerzos no dan el resultado que esperabas o porque simplemente llegas a callejones sin salida y no sabes cómo comportarte. O porque, a pesar de haberte entrenado para ese momento, en el ardor de la discusión, te invade la ira y la desesperación y lo tiras todo por la borda con cuatro gritos.
La intensidad de los primeros escarceos sexuales, la presión de los estudios, la competitividad en el deporte, las discusiones con los amigos, la preocupación por el futuro laboral, los conflictos en la convivencia familiar… todos hemos pasado por ello y cada cual lo gestionó como mejor supo, pudo o se le enseñó. Todos hemos transitado por ese risco plagado de precipicios que debemos escalar para abandonar la adolescencia e integrarnos en la vida adulta. Pero mi sensación es que la juventud actual se desorienta en el camino debido a las numerosas distracciones que por el sendero encuentran y que inevitablemente aumentan el riesgo de despeñarse y estrellarse contra el suelo. Nada es más importante para la mayoría de ellos que echar un vistazo a las últimas historias de Instagram y Tik Tok o escuchar y responder ese audio que por whatsapp le ha enviado su mejor amigo, o mejo, como ahora dicen ellos en ese eterno afán juvenil por renovar (o despedazar) la gramática castellana.
¡Qué generación la nuestra! Hemos construido un mundo tecnológico que ha enjaulado a nuestros hijos en un mundo de bits y ha obligado a nuestros padres a vivir sus últimos años angustiados por no tener el conocimiento ni las herramientas para seguir activos en la sociedad. Tenemos a nuestra disposición un número ilimitado de recursos informáticos y una gran variedad de dispositivos para hacer nuestra vida más sencilla, aunque también más incompleta. Y en esas aguas nuestros mayores se ahogan. Pero de su situación ya hablaré otro día, que me voy por los cerros de Ubeda.
Decía que la situación es complicada porque cuesta adaptarse a esta nueva realidad. Hace cuatro días estabas cambiándoles el pañal y haciéndoles monerías, hace tres construías con ellos castillos de arena en la playa y diseñando en el parque pistas de carreras para las chapas, hace dos disfrutabas con ellos como un igual en el Parque de Atracciones o en el Aquópolis… y hoy ves cómo ya no tienes un hijo, sino un inquilino al que le has alquilado a precio cero una habitación, con derecho a tres comidas (más los picoteos puntuales a los que obliga el desarrollo en estas edades), WIFI y Netflix, y que parece no querer tener contigo más que la relación estrictamente necesaria mientras construye su futuro. A veces esos mínimos no incluyen ni siquiera un "buenos días" o un "qué tal". Y esta es una relación, además de pobre, tensa, dado que tú no sabes qué, pero él te hace intuir por su manera de mirarte que le debes algo.
Así que en esas andamos, intentando mantener abiertos los canales de comunicación sin que nada se rompa por el camino. Que uno sabe que normalmente nada se romperá realmente, que esto es una etapa que hay que sufrir, que volverá al redil, aunque seguramente de otra manera, más él que a los cuatro, a los once o a las quince. Pero uno se asusta.
Como ha sido siempre y debe ser. Tienen que dejar de ser niños, aunque nos pese.
Cuanta razón y mejor descripción, del paso de nuestros chic@s a la edad adulta, hay en esta artículo. Nos sorprende y apena (por otras cosas que se pierden) cuanto móvil/play, etc consumen en estos tiempos (y a veces no sólo ellos) pero es la que les ha tocado vivir. Si me apena es porque les aleja más de nosotros.... Pero yo también era un poco así. Por lo que es simplemente la edad, aunque los medios cambien. Cómo la etapa de los pañales o malas noches o las rabietas, etc, esta etapa también se vivirá (disfrutemos) y pasará. Y cada vez son más suyas. Ley de vida . Saludos, Alberto
ResponderEliminarMás allá de que se trata de una generación que ya llegaba medio "enganchada" a todos estos dispositivos y redes sociales, también es cierto que en muchos casos hablamos de chavales que han vivido una experiencia inusual y para la que creo que ninguno estábamos preparados. En vez de estar paseando con sus amigos, yendo al cine o echando un partido de fútbol en el parque, se vieron enclaustrados en sus casas a causa del Covid. Pero sí, estoy de acuerdo, Alberto, esta etapa pasará y también ellos valorarán en su justa medida cosas que son más importantes que las que ahora mismo les ocupan.
EliminarToda la razón, yo suelo pensar que en nuestro papel de padres tenemos que seguir firmes seguir en la misma línea, seguir "dando los buenos días" "decirles que es lo correcto y que no" etc. Aunque creamos que no sirve para nada, quiero pensar que ese "poso" siempre permanece en ellos, aunque este oculto y algún día les servirá para algo.
ResponderEliminarSaludos
Fernando
Mientras permanezcan en casa y más allá, Fer, sin duda, completamente de acuerdo con tu comentario. Cuidar los canales de comunicación y los mensajes que les transmitimos a través de los mismos sirve para fortalecer los cimientos que les van a sostener como personas durante toda su vida. Aunque ellos nos puedan responder de mala manera cuando les "asesoramos".
EliminarMiedo me da llegar a ese momento. De momento me quedo con los ratos de parque, que vuestro juego está en liga de campeones.
ResponderEliminarDisfruta este momento, es único e irrepetible. Educar a nuestros hijos es una carretera llena de baches, pero con unas vistas preciosas. ¿Y a qué le sacamos fotos? ¿A los baches o al paisaje? Como padres sufrimos siempre, nos duelen los hijos, pero al final son los momentos felices los que permanecen en la memoria y el corazón.
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