Las palabras de un entrenador pueden cambiar radicalmente la vida de un chaval.
Esta frase, que el entrenador de baloncesto del East Los Angeles College pronuncia en el último capítulo de Last Chance U Basketball, resume lo que esta docuserie deportiva propone. Porque, si bien los capítulos giran en torno a la vida de los chavales con problemas que llegan al centro y que intentan aprovechar, a través del baloncesto, una de las últimas oportunidades que les quedan para enderezar sus vidas, es su figura la que protagoniza realmente esta inspiradora historia.
El deporte y la juventud están íntimamente ligados y, siendo como es la adolescencia una etapa de conflictos internos de amplio espectro, la influencia que un entrenador (de cualquier disciplina) tiene sobre los jóvenes a su cargo no es nada desdeñable. A mí me ocurre a veces que mis hijos no han seguido ciertos consejos que les he podido ofrecer en momentos concretos, no necesariamente relacionados con el baloncesto, hasta que sus entrenadores se han expresado en términos similares.Y entonces, sí, eso pasa a ser palabra sagrada. En el caso de los alumnos del ELAC esto se eleva a la enésima potencia, dado que hablamos de jóvenes que tienen serios problemas de adaptación.
John Mosley dirige desde hace veinte años un programa de apoyo a estudiantes de entre diecinueve y veintidós años que han tomado malas decisiones en su vida o que se han visto perjudicados por las tomadas por sus padres. Todos ellos tienen en común dos cosas: su pasión por el baloncesto y la necesidad perentoria de aprobar sus estudios preuniversitarios para obtener una beca deportiva en alguna Universidad que les pernita acceder a una vida más digna. Y el entrenador Mosley se convierte para ellos, durante los dos años que pueden permanecer en el colegio, en tutor, sargento, hermano, padre y todo lo que sea necesario para que al menos unos pocos alcancen su objetivo.
Durante las dos temporadas que actualmente pueden verse en Netflix -y no parece que vaya a ver más por la manera en que se cierra la segunda- seguiremos muy de cerca a las dos últimas promociones que han pasado por el ELAC y los esfuerzos que Mosley y su equipo de entrenadores hacen para que estos muchachos puedan integrarse en la sociedad en base a unos valores centrados en la unidad y el esfuerzo. No seremos capaces de enfadarnos con el coach cuando le veamos forzar los límites deportivos y personales del grupo con el fin de obligarles a madurar y ser conscientes de la precaria situación personal en la que se encuentran y el pobre futuro que puede esperarles a cada uno de ellos si no exprimen la oportunidad que se les brinda. Y no lo haremos porque también nosotros nos sentiremos parte de ese cuerpo técnico cuyo único objetivo es ayudarles a ser mejores para que puedan labrarse, ya no una carrera deportiva (algo que indudablemente sí tienen en mente los jugadores), sino un porvenir que les haga sentirse orgullosos de ellos mismos.



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