lunes, 16 de enero de 2023

El Twingo de Piqué

Soy muy raro para según qué cosas y no puedo con la tontuna ajena. Lo reconozco. No encuentro nada divertido ni entretenido en historias tan poco edificantes como las que Shakira y Gerard Piqué, están protagonizando estos días. Admito que son dos personas cuya vida privada queda expuesta a diario en escaparates públicos a poco que se descuiden. También que en ocasiones dicha exposición es, como en este caso, voluntaria y que por ella obtienen unos cuantiosos beneficios que perciben encantados de la vida y enamoradísimos de sí mismos. Pero también pienso que ciertas líneas nunca deberían traspasarse.

Entre 1995 y 2000 una Shakira a la que aún se conocía poco publicó tres discos que me dejaron con la boca abierta. Una mujer latina con una voz electrizante y que además escribía sus propias canciones. El concepto no era nuevo, pero el éxito que empezó a cosechar la de Barranquilla sorprendió hasta a sus propios productores, que decidieron explotar, al iniciarse el siglo XXI, las cualidades más obvias de la artista: sus caderas, que, como a todos, me hicieron ponerme bizco en más de un videoclip, y su ritmo latino, que han hecho moverse a las mías en más de un sarao. Pero la cantautora de desgarradora voz que a mí me apasionaba se quedó en el siglo XX, no he vuelto, por desgracia, a saber de ella. Su vida privada, que hasta entonces se había preocupado de proteger como una loba, comenzó también a convertirse en estrategia de merchandising, tal y como ocurre con tantas celebridades que descubren que también de ahí pueden sacar tajada.



Mientras Shakira dirigía su carrera en esta nueva dirección, Piqué, diez años más joven que ella, comenzaba a despuntar en el Manchester United como defensa central de gran proyección. Su estancia en Zaragoza y posteriormente en el Barça le convirtieron en un jugador de primer nivel. Me parecía un grandioso jugador, hasta que comenzó a tener más minutos ante las cámaras y verse obligado, protagonismo con el que creo se sentía muy cómodo, a mostrar algo más que lo que hacía con un balón en los pies. Y yo ahí me dije lo mismo que ahora su ex le canta en la sesión con Bzarrap de "menos gimnasio y más trabajar el cerebro" o algo así. Descubrí que el número de neuronas operativas en su cerebro era inversamente proporcional a los títulos que sobre el césped había conquistado.

Y ahí les dejé hasta que me llegó noticia de su matrimonio. A pesar de ser dos personajes bien asesorados que habían alcanzado el más rotundo de los éxitos, yo ya no les seguía como antes porque ambos, de diferente manera, me habían decepcionado por las razones ya comentadas: gran cantante convertida en producto de mercadotecnia; gran futbolista con cabeza de alcornoque.



Que se separsen porque Piqué le pusiese los cuernos a su mujer no me sorprende. Tampoco si hubiese sido a la inversa. La infidelidad es negocio lucrativo y una constante entre las celebridades, que incluso parecen considerar poco saludable mantenerse leales de por vida a sus parejas. En cualquier caso, por no ser yo persona proclive a llenar los bolsillos de este tipo de personajes alentando la exposición de sus trapos sucios, pasé por la noticia de puntillas, sin prestarle excesiva atención. De la misma superficial manera pasaron por mi lado las disputas por el divorcio. Otra constante irrelevante. Hasta que ha llegado la canción de Shakira del Casio y el Twingo y todo lo que de la misma se va derivando. Y aquí ya sí me va interesando más la cuestión. No por ellos, que están demostrando ser dos palurdos egoístas e irresponsables, sino por las criaturas que de su "no sé cómo llamarlo" han sido fruto.

Shakira, hija mía, te han decepcionado y te sientes insultada. Has quedado como una reina con temas como Te felicito y Monotonía, que considero una elegante manera de cantarle las cuarenta al sinvergüenza de tu ex sin caer en la vulgaridad. Creo que hasta ahí todos admiramos la manera en que lo estás gestionando. Estamos de tu parte. Pero esta última canción ya nos hace torcer el gesto. Tienes unos críos que no se merecen semejante bajeza. ¿Era necesario?

Piqué, alma de cántaro, te lo había puesto en bandeja para que salieses del embrollo en el que te habías metido con cierta dignidad. Podías demostrar que te importaban más tus hijos que tu autoestima ignorando estas últimas pullas. Pero no. Casio en la muñeca y asistencia en un Twingo a la Kings League que te has montado. La cagaste. De hecho lo hicisteis los dos. Tal para cual.



Al final, dos serios damnificados por esta batalla de egos -los hijos, que no tengo dudas de que terminarán necesitando tratamiento psicológico-, un gran beneficiado -Bzarrap, que será número uno de nuevo en medio mundo- y dos ególatras empedernidos que se convertirán lamentablemente en referentes universales en lo que a gestión de rupturas se refiere para muchos de nuestros jóvenes.

Porca miseria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los motivos de este blog

¿Por qué este blog?