Si hay algo que frustra más a un deportista joven que fallar una canasta, errar un penalti o perder un partido es, sin lugar a dudas, no tener la oportunidad de jugar. Por mi experiencia como jugador de fútbol-sala y la que observo que van adquiriendo mis hijos en el baloncesto, tengo la certeza de que acostumbra a pasarlo mucho peor el que ve los partidos desde el banquillo, viendo cómo la decepción le va mordisqueando la moral a menudo que los minutos van pasando y amargado porque quiere participar y el entrenador no lo considera oportuno que el niño que está en cancha y las cosas no le salen como le gustaría. Al finalizar el encuentro el primero volverá a su casa cabizbajo y con todas las hormonas pidiéndole la acción que no ha protagonizado y el segundo, según el acierto que haya tenido durante el partido, más o menos contento, pero con la confianza en sí mismo menos deteriorada.
Entre marzo del año 2020 y enero de 2021 todos nuestros chicos, grandes y pequeños, se vieron obligados por causas ajenos a ellos a permanecer en el banquillo.
Las diferentes competiciones que la Federación de Baloncesto de Madrid organiza, al igual que sucedió en el resto de Comunidades, fueron suspendidas con la llegada del Covid. Era el momento más interesante de la temporada, cuando se empiezan a disputar los partidos que deciden qué equipos jugarán los playoffs, aunque el instante en que ocurrió era realmente irrelevante.
Aunque era una medida que todos, a excepción tal vez de los propios chavales, considerábamos necesaria e inevitable, cruzábamos los dedos para que se encontrase la manera de que los niños pudiesen seguir practicando su deporte favorito. Y si eso no era viable, que al menos el parón no durase demasiado. Porque una infancia o una adolescencia sin deporte, en mi modesta opinión, las hace incompletas. Sin hablar de que a nivel familiar el confinamiento desató un conflicto educativo entre padres e hijos en cuanto a la manera en que debía sustituirse el tiempo que antes se empleaba en encestar o meter un gol. Los chicos se tiraron a los dispositivos tecnológicos como posesos y los padres tuvimos que intentar contener aquello como buenamente pudimos. Enhorabuena a aquellos que lo lograron porque me temo que casi ninguno lo conseguimos.
Cuando el mundo se paró, Sergio y Marcos se encontraban, deportivamente hablando, en años críticos. Todas las temporadas son importantes, pero tal y como el baloncesto federado está organizado, hay años de transición (jugadores de primer año de cada categoría) y críticos (de segundo). En estos últimos es cuando un chaval puede jugar una Final Four, ganar un Campeonato de Madrid o incluso ser seleccionado para participar en un Campeonato de España representando a tu Comunidad. Incluso, si ya eres realmente bueno, una futura promesa, ya puedes entrar en convocatorias de la Selección Española para participar en torneos internacionales de carácter formativo. No quiero con esto decir que para los chavales que se encontraban en años de transición la situación fuese menos complicada, ya que al final esto afectaba más a la pasión que cada crío siente por su deporte, y eso es algo más personal y complejo. Pero para mis chavales, que no saben vivir sus vidas sin el baloncesto y que, aunque tenían pocas o casi ninguna posibilidad de conseguir titulos o ser seleccionados, aquello era un drama. Incluso para nosotros, quienes, a través de su experiencia, habíamos aprendido a amar este deporte y añorábamos, por mucho baloncesto que viésemos en Youtube, presenciarlo en directo.
Cierto es que durante lo que restaba de temporada los clubes intentaron mantener enchufados a los chavales con ejercicios a realizar en casa con el fin de que se mantuviesen en forma y que se organizaron videoconferencias grupales para que todos siguiesen en contacto con sus compañeros. Cierto es también que allá por el mes de octubre de 2020 la Federación comenzó a trabajar sobre distintos escenarios de cara a no perder también la temporada 2021 y que los chicos, aunque con mascarilla y numerosas medidas de control, pudieran volver al menos a los entrenamientos. Pero fueron meses duros donde esa ausencia se hizo muy presente.
Personalmente, lo que más tristeza me produjo de esa época, teniendo en cuenta que nosotros habíamos podido disfrutarlo con Sergio, fue que no se pudo celebrar el Campeonato de España Mini de Selecciones Autonómicas en Cádiz, que es para mí, sin lugar a dudas, el torneo más bonito en el que un crío puede participar. Y eso que Marcos no iba a ser seleccionado en ningún caso, pero aún así me resultó muy triste ver cómo una generación fantástica del baloncesto madrileño, la del año 2008, se quedaba sin poder disfrutar de ese acontecimiento para el que se llevaban preparando en algunos casos cuatro años.
La competición regresó en enero de 2021 con un formato que, aunque no satisfizo a nadie, al menos supuso para los chicos una vuelta a las canchas que necesitaban más que el comer. Era lógico hacerlo de la manera que se hizo dado que aún había que respetar ciertas medidas necesarias. Por ejemplo, no se permitía público en los pabellones, se limitó mucho el número de partidos para dejar tiempo de descanso entre jornadas con el fin de asegurarse de que no había contagios e incluso hubo partidos que se suspendieron o aplazaron porque algún niño de uno de los equipos contendientes había contraido el virus. También se establecieron tiempos muertos adicionales para limpiar el balón con gel hidroalcohólico. Un sucedáneo de lo que es la competición real que, como digo, permitió a los chicos recuperar sensaciones tras tanta inactividad, pero que nos dejó a todos la sensación de que realmente el campeonato no era tal y que habían sido dos los años perdidos.
En lo deportivo, bueno, Sergio y sus compañeros, a los que perjudicó más que a otros una competición tan corta y con tantos matices, realizaron un papel discreto, nada que resaltar, mientras que los pequeños, que participaban en categoría Preinfantil, arrasaron y se proclamaron nuevamente Campeones de Madrid, para cerrar un ciclo fantástico protagonizado por una generación de Alcorcón Basket sencillamente alucinante.
Ójala nuestros chicos y las nuevas generaciones que vayan llegando no tengan nunca que pasar por esto.



No hay comentarios:
Publicar un comentario