Las historias de inocentes acusados y condenados injustamente por un crimen que no cometieron llevan sucediéndose desde que el mundo es mundo. Las de personas reales o personajes ficticios que arrastran durante sus vidas una culpa que no es suya simplemente por encontrarse en el lugar y momentos equivocados. Y suelen conmovernos. Mucho.
La justicia es un concepto muy volátil que en ocasiones es ninguneado en aras de intereses políticos, prebendas económicas o prejuicios raciales o religiosos, pero al mismo tiempo es el mínimo que cualquier ciudadano del mundo civilizado exige para sí mismo y para los demás. Pocos atropellos nos escuecen más, como seres humanos, que los que se cometen en su nombre.
Quizá por eso, Así nos ven, la miniserie de unas seis horas que recientemente ha estrenado Netflix, me ha dejado con el cuerpo del revés. Como decía, no es un relato que sorprenda por su originalidad o por su afán innovador, pero es desde luego una pequeña joya televisiva que da testimonio de cómo un error policial (y el empeño de sus responsables en encubrirlo) puede malograr la vida de, en este caso, cuatro jóvenes de color y otro latino, residentes en el barrio neoyorquino de Harlem, de entre quince y dieciséis años, que fueron en 1989 acusados de, entre otros muchos cargos, violación e intento de homicidio y que pasaron entre rejas, sufriendo las consecuencias de ser negros y además supuestos violadores, entre cuatro y doce años.
Es una historia real, no es ficción, y por lo que he podido investigar, los policías, la fiscal y el juez que se ocuparon de aquel caso de "los violadores de Central Park", así como un jovencísimo Donald Trump, empeñado en su indudable culpabilidad hasta el punto de intentar rehabilitar la pena de muerte en el Estado de Nueva York, actuaron con tan mala fe como en la serie se muestra, y los chicos, más allá del odio que hacia la comunidad negra ha existido y sigue existiendo, los candidatos menos imaginables que pudieron encontrar para cargarles el mochuelo. A uno ya no le sorprende que en un país tan racista como lo es Estados Unidos, treinta años después se eligiese como Presidente al mencionado Trump.
Pero más allá de la historia, de los detalles de la investigación y de los flashback que nos ayudan a entender las vidas de los muchachos antes de que se convirtieran en enemigos públicos del pueblo americano, todo ello superfluo por haber sido ya el argumento de muchas novelas y películas, está la manera de contarlo. Ya lo he dicho tantas veces que lamento repetirme yo también, pero el cómo vale muchas veces por sí solo el precio a pagar por escuchar o ver lo mismo que otras veces.
Y es que todo, absolutamente todo, lo que rodea a esta producción, destila una impresionante calidad cinematográfica. Directores, guionistas, actores, fotógrafos, escenógrafos y tramoyistas. Simplemente excelsos. Inconmensurables. Y detrás de todos ellos, como productora ejecutiva, una de las voces negras más radicales y al mismo tiempo más comerciales de la nación americana: la celebérrima periodista Oprah Winfrey.
Más allá del espinoso asunto del color de la piel, late en el relato un mensaje que en muchas ocasiones, aquí en casa, hemos transmitido a nuestros propios hijos: no basta sólo con ser buenas personas, sino también ser lo suficientemente inteligentes para saber evitar los conflictos que pueden tener consecuencias serias para vuestro futuro. Uno de los mayores miedos que nos invaden a los padres de adolescentes es el de las compañias con las que nuestros hijos se juntan y las acciones a las que estos pueden arrastrarles. Cierto es, como en Así nos ven, que a veces ni siquiera eso es suficiente, que incluso siguiendo ese consejo protector, nuestros hijos pueden encontrarse igualmente en el ojo del huracán, pero nunca está de más educarles al respecto.
Os garantizo que no recibo comisiones de Netflix por recomendar sus productos, pero es que, a pesar de la masiva pérdida de afiliados que les ha generado el cambio en su política de streaming, sigue siendo, con notable diferencia, la plataforma digital más completa, tanto cuantitativamente como - y esta serie es un claro ejemplo - cualitativamente.
PS: Y si buscáis algo más motivador, me permito sugeriros encarecidamente una película, también basada en hechos reales, que no os dejará indiferentes y que también se encuentra en esta plataforma y se ha estrenado recientemente: Las nadadoras.
Pura delicatessen.
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