No, no. Tranquilidad, que no voy a hablar mal ni de mis hijos ni mucho menos de los de los demás. Reconozco que el título de la entrada incita a pensar que voy a darle candela a las nuevas generaciones, pero no, no toca hoy sacar la vara a pasear. Me refiero a un miembro de la familia al que no tenemos obligación de inscribir en el Registro Civil, pero que a veces se puede convertir, como ocurre con los churumbeles del matrimonio, en motivo de arduas negociaciones entre los cónyuges cuando determinan separarse amistosamente: el coche.
La expresión viene porque mis padres siempre sentenciaban, al referirse al vehículo familiar, que "gasta más que un hijo tonto". Como muchas expresiones empleadas antaño, es sumamente descriptiva, aunque en estos tiempos de sensibilidad extrema y prudencia obsesiva frente a la incorrección política apenas se emplee, pero no deja de ser cierto que los gastos que genera tener un coche en propiedad son muy elevados. Sobre este punto en concreto, creo que no hay debate posible. Es caro sacarse el carnet de conducir, es caro comprarse un coche, es caro llenar el depósito, es caro el precio del seguro, es caro reparar una avería y suma y sigue. De hecho, para la mayoría de las acciones realizadas sobre un vehículo, salvo excepciones coyunturales, se aplica un 21% de IVA, es decir, el consignado como "general" y que constituye el más alto de los manejados por la Agencia Tributaria.
Fui yo quien inicié el otro día, tomando unas cervezas con Nuria y con Pablo y Bea, unos buenos amigos nuestros que merecerán llegado el día su propia entrada, un entretenido intercambio de opiniones sobre cuán necesario es para familias como las nuestras disponer de un vehículo propio y enfrentarse a los gastos que genera. Yo asumo, como defensor de otros medios alternativos de movilidad, que en el ochenta por ciento de las veces que ponga el tema sobre la mesa, voy a salir escaldado, como así ocurrió (tres contra uno, mierda para cada uno), pero traté de rebatir sus argumentos por convicción en mis ideas y también porque el tema empezó a dar cierto juego y, aunque me estaban sacudiendo de lo lindo, vi que se divertían a mi costa y a cuenta de los entresijos del asunto. Y mira, a mí hay pocas cosas que me hagan más ilusión que ver a quienes quiero reírse, aunque tenga yo que ser la diana de sus burlas.
Anécdotas aparte, creo firmemente que tener coche propio no es una necesidad real, al menos no para cientos de miles de familias, sino que los fabricantes, proveedores, compañías de seguros, anunciantes, el Gobierno y otros muchos más intermediarios han logrado convencernos realmente de que todos necesitamos, al menos, un coche. Todos sacan tajada, obviamente, y se vanaglorian de habernos hecho creer que sin vehículo propio somos algo menos felices.
Por supuesto, admito que hay muchas personas para las que es innegociable barajar otra opción, ya sea porque es su herramienta de trabajo, porque viven alejadas de núcleos urbanos o por otras razones, a cada cual las suyas. Pero afirmo rotundamente que para muchas otras se trata de un espejismo.
Una familia de clase media que sea propietaria de un turismo diesel, pagando una letra de doscientos euros mensuales, con un consumo medio de siete litros a los cien kilómetros, quince mil al año, un seguro a todo riesgo de rango medio, más su impuesto de circulación y las revisiones regladas del coche, puede gastar al año en estos conceptos entre cuatro mil y seis mil euros al año como poco. Sí, este es el país de la picaresca y seguro que habrá quien se busque las triquiñuelas para pagar menos, pero por ahí le rondará.
Hablamos de una familia que reside en un núcleo urbano con toda clase de servicios disponibles en un radio de dos kilómetros a la redonda, como es mi caso. El autobús a casi cualquier punto de Madrid a dos minutos caminando, el Metrosur a ocho, el ambulatorio a nueve, una frutería y un mercadito debajo de casa, etc. Para un elevado porcentaje de los desplazamientos a los que estamos obligados no nos hace falta el coche, pero estamos tan acostumbrados a él que a veces lo cogemos sólo para ahorrarnos el paseo y ganar un poco de tiempo. O porque hace mucho calor, llueve o hace frío. Comodidad e inmediatez, no hay duda. Pero no necesidad.
Para esos otros desplazamientos en los que no queda más remedio que utilizar un coche, hay muchas alternativas. Yo he echado mis cuentas y calculo que podría ahorrarme más del cincuenta por ciento de lo que gasto en "mi hijo tonto" simplemente, por poner algunos ejemplos, haciendo uso de la tarjeta de transportes, pidiendo que me traigan la compra a casa, alquilando un coche los tres o cuatro fines de semana al año en que me escape de Madrid y las dos semanas de vacaciones de verano. Y eso sólo son algunas ideas que se me ocurren.
Ganas tiempo y confort, no hay duda, pero la cantidad que uno se ahorraría con estas alternativas es considerable. Me proponían que dejase de fumar si lo que quiero es ahorrar, pero, más allá de la irrefutable sabiduría que dicho consejo encierra en lo referente a mi salud y que cualquier día de estos me propondré seguir, yo pensaba: "o sea, dejo el único vicio que tengo y del que desgraciadamente para mí disfruto, pero mantengo un gasto ocho veces mayor que no considero necesario". Si dejo de fumar, a lo mejor me puedo pagar unas vacaciones pasables el año que viene en Peñíscola, pero si cierro el grifo al coche, tal vez me pueda permitir, como afirmé sin mucho conocimiento de causa dado que no he mirado precios, una semanita en Bora Bora. Si abandonase ambas costumbres, no sólo ganaría en salud, liberado del efecto de la nicotina en mis pulmones y del estrés que los atascos me generan, sino que además podría pegarme unas vacaciones cada año que ni Cristiano Ronaldo.
En fin, a nadie voy a convencer de mis ideas y ahora tengo que soportar continuamente la pullita, cuando informo de que tengo que ir a un examen o a ver a mis padres, de que me vaya en un Uber. Y contener mi asombro cuando los que defienden la necesidad del coche se llevan las manos a la cabeza por lo que el taller les va a cobrar por la revisión, el cambio del filtro del aire y de las pastillas de freno, la sustitución de los neumáticos o la suma de todo ello.
Así son las cosas...
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