Nunca ha sido Ismael Serrano uno de mis cantautores favoritos. Me cuesta encontrarle el punto, pero lo mismo me ocurre con Serrat y dudo que ni yo ni nadie se atreva a desdeñar su arte, así que escucho de tarde en tarde sus canciones porque, a pesar de mis vastas limitaciones, entre los versos de uno y de otro siempre doy con alguna historia que despierta mi interés o con alguna frase que me atrapa entre sus redes. Tienen este tipo de individuos, sin lugar a dudas, más de poetas que de cantantes. No hay que irse muy lejos para encontrar el mejor de los ejemplos: justo ahí al lado, en la Calle Melancolía, habita Sabina, un inigualable poeta que es, al mismo tiempo, un deficiente cantante.
Sea como sea, en el último disco de Ismael Serrano he encontrado una pequeña joya, llamada "Fábula de los conejos" que ejemplifica y representa, en estos tiempos esperpénticos de elecciones generales en pleno mes de julio, investiduras, amnistías y habituales reproches entre los que afirman ser la izquierda de este país, los que hacen otro tanto por el lado opuesto y los que les hacen los coros a ambas facciones, el dislate político en el que vivimos desde hace ya unos cuantos años. Yo, como españolito de a pie y miembro en pleno derecho de esta colonia de conejos, estoy ya muy, pero que muy cansado. Que ya sé que en realidad el único derecho que en realidad me queda -no hace falta que nadie me lo recuerde- es el del pataleo. Viene a contar este cuentecillo musical de Ismael que, habiendo puesto los conejos suficiente distancia con los lobos, al escapar de sus fauces, se detuvieron a tomar resuello y les dio por ponerse a hablar. Que si hay que ir a la guerra contra nuestros depredadores, que si quién de nosotros es el más apto para liderarnos, que si tal vez deberíamos montar una asamblea para decidirlo, que si eso no es necesario porque no cabe duda de que yo soy el más apropiado, que si déjame que me ría, etc. Y mientras ellos discutían bobadas, llegaron los lobos y les dieron alcance. Inmersos en ese bucle estamos en este país durante este siglo XXI: cuando creemos haber superado una crisis, nuestros líderes políticos nos abocan indefectiblemente a otra porque, mientras se la miden para ver quien la tiene más grande, se descuidan y los problemas nos vuelven a cercar.
Y luego están los medios de comunicación, que no dejan de ser herramientas que los partidos utilizan de manera sibilina para inclinar la balanza de la opinión pública hacia su flanco. El Cuarto Poder lo llaman y con razón. Una vez más, de un mismo hecho, los dos diarios de información general informan de manera muy diferente. Dice El Mundo; aliado tradicional de la derecha y fan incondicional del candidato del PP, que "Sánchez desprecia al Congreso", haciendo alusión a su negativa a rebatir a Feijoo en el primer día del debate de investidura y a enviar en su lugar al estrado a uno de los miembros de su cohorte. El País, siempre más a la izquierda que su contrincante periodístico, titula "Sánchez descoloca al PP". ¿Se trata entonces de desprecio o de una maniobra de distracción? ¿Es el Congreso el agraviado o lo es el PP? Pues según el periódico que leas, puede ser que te formes una opinión u otra.
Y mientras tanto, los conejos permanecemos en nuestra madriguera, haciendo malabarismos para que nuestros gazapos puedan estudiar, se alimenten y puedan vestirse con algo más decente que un taparrabos, para que la luz siga llegando a nuestro hogar por las noches y para que no pasemos frío este invierno, para que el precio de la gasolina y los préstamos hipotecarios no nos terminen de ahogar, mientras nos conformamos con las escasas migajas que los poderosos dejan de vez en cuando caer sobre nuestras praderas en forma de Bono Cultural o Ayudas Sociales y nos entretenemos viendo programas del corazón y partidos de fútbol. Y a todo esto, Lorena Castell riéndose de todos nosotros...
Y de esta manera, queridos amigos, el año 2023 se nos irá de las manos escuchando cómo los aullidos de los lobos se van acercando cada vez más y sin terminar de decidir quién nos gobernará en este país de toros y pandereta.
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