Pues sí. Por fin nos dejas. Seguro que con muchos te has portado mejor de lo que lo has hecho conmigo y lo siento por ellos, pero yo no veía el momento de perderte de vista para siempre. Porque es seguro que no me volveré a encontrar contigo. Nunca más. Me va a costar muy poco dejarte atrás y olvidarme de tus desplantes y tus desaires. Y según me pille, lo mismo hasta te despido con una peineta. Con doble mortal y tirabuzón incluido. A mamarla.
Nuestra relación comenzó ya torcida, a pesar de que me transmitías buenas vibraciones cuando te vi a lo lejos por primera vez. Eras todo curvas. Atractivo como un George Clooney recién salido de fábrica. Con esa media sonrisa que nada promete y todo lo insinúa. Por eso lo intenté durante bastantes meses con ahínco y fervor casi religioso. Que te hicieras mi amigo. Llamar tu atención. Tener contigo lo que con otros tuve en el pasado. Y aún más incluso, dado que confiaba que tan sólo me darías alegrías. Que esa sintonía que parece latirle a uno en el interior de forma constante cuando los astros se alinean y todo parece de color rosa regresaría. Pero me engañaste como a los tontos. Pura ilusión y espejismo. Mucho ornamento y poca chicha. Fuegos de artificio de tercera división. Tanta paz lleves como descanso dejas, desgraciado. A freír espárragos. Al carajo. A hacer gárgaras. A pelar monos. A donde quieras, pero bien lejos de mí. Se te acabó el chollo.
Habrá quien te eche de menos cuando salgas de nuestras vidas. Quien conservará un recuerdo de ti que permanecerá vivo durante décadas. Habrá quienes intenten resucitarte revisando las fotografías y los vídeos que contigo se hicieron. Les costará adaptarse a los que vengan después de ti. Todo lo contrario que a mí, que ya he comenzado a reemplazarte y, aunque aún no ha terminado de aterrizar, tu sustituto ya me está dando más de lo que tú me diste. Desagradecido.
Y es que este treinta y uno de diciembre, mientras me coma las uvas rodeado de mi familia, que se ha mantenido firme y paciente a mi lado ayudándome a superar los problemas en los que me has ido metiendo y complicándome todavía más esos otros que ya me atormentaban antes de conocerte, ni siquiera voy a hacer recuento de lo que tú, 2023, me has dejado. Sólo voy a pensar en todo lo que tu hermano menor, el 2024, me deparará. Ya me ha enseñado más carne de la que tú te has dignado a mostrarme durante estos 365 días.
Estrecho, que has sido un estrecho.
Sayonara, baby!!


No hay comentarios:
Publicar un comentario