viernes, 5 de enero de 2024

Cuidar lo de dentro

En estos tiempos en que la inmediatez y las prisas gobiernan con mano firme las vidas de quienes habitamos en las grandes ciudades, conservar la capacidad de distinguir entre lo importante y lo irrelevante se ha convertido en una habilidad de un valor incalculable, pero necesaria a la vez para poder gozar, en términos emocionales, de una vida sana.

Hemos evolucionado hasta el punto de que las empresas se comprometen contractualmente a garantizar la desconexión digital de sus empleados. Pero no es este un compromiso real, dado que esa meta sólo podría alcanzarse mediante el cierre efectivo de los accesos a los aplicativos corporativos desde cualquier dispositivo fuera del horario laboral. Queda por tanto a discreción del trabajador que esa desconexión se produzca realmente. Y el que más y el que menos, tropieza. Y aquella tarea que no había podido completar se la lleva a casa. Pero incluso el que no se encuentra en esa situación o aquel que es capaz de evitar la tentación de dejarse arrastrar en su tiempo libre hacia sus obligaciones laborales, debe combatir aún con otro enemigo aún más insistente. Porque desconexión digital no es sinónimo de desconexión mental. Muchas veces uno no puede evitar, fuera del horario laboral, seguir divagando y reflexionando sobre cuestiones que deberían quedar relegadas a esas cuarenta horas semanales que vendemos a nuestras respectivas compañías, a veces por un salario insuficiente. Pasar la noche en vela visualizando las posibles situaciones que se producirán en esa reunión tan importante que tenemos al día siguiente con el Departamento Financiero. Devanarse los sesos intentando encontrar la manera de cumplir con los nuevos objetivos que la Jefatura ha decidido establecer para el próximo ejercicio. Diseñar estrategias para poder aportar soluciones a las necesidades de los clientes. Esas cosas.

Cuidar lo de dentro debería ser la prioridad de todo hijo de vecino. Velar en primer lugar por mantener un equilibrio emocional y mental que nos permita disfrutar de todo aquello que crece a nuestro alrededor. Disponer de tiempo para dedicar en exclusiva a esas aficiones que nos enriquecen y que dan sentido a nuestra existencia. Y con atender a nuestro interior no sólo me refiero a nuestra psique y nuestro cuerpo, sino también a quienes cohabitan con nosotros en nuestros hogares. Ser capaces de aparcar en la entrada de nuestras casas los problemas y las preocupaciones que pueda acarrear nuestra actividad profesional para centrarnos única y exclusivamente en aquellos que realmente importan: nuestras familias y nuestros amigos. Aporta satisfacción y tranquilidad mantener con nuestro entorno laboral una relación cordial y amistosa, que en ocasiones puede llegar a convertirse en algo más estrecho, pero no podemos permitir que las rencillas con un compañero o la hostilidad que despierta en nosotros un superior en la oficina hagan sombra a aquellos que se mantendrán siempre a nuestro lado, ya sea por lazos familiares o porque a ellos nos une algo permanente. Cuidar lo de dentro es también eso: que nuestros seres queridos puedan también disfrutar de todo lo bueno que hay en nosotros.


Para este año que acaba de arrancar ese es mi propósito principal: darle a los míos lo mejor que puedo ofrecer. Que mi mujer y mis hijos sientan, en todos los momentos compartidos, que nada tiene para mí más importancia que aquello que a ellos les preocupa. Aprovechar cada instante a su lado. Que todos mis esfuerzos tengan como objetivo final hacerles sonreír. Que el trabajo y todo lo que le rodea se acabe en el momento que entre en nuestra casa. Que mis padres me sientan más cerca. Tener tiempo para tomarme unas cervezas con esos amigos que, incluso de vacaciones en Canadá o en la India, están siempre ahí. Cuidarme y cuidar de los míos.

Porque eso es lo que cuenta. Lo demás es meramente accesorio.



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