¡Qué grande es Don Arturo! Terminé hace un par de días de leer Revolución, su última novela, una vez más espléndido en la reconstrucción histórica y en la creación de personajes memorables. De hecho era el artículo previsto para compartir hoy en el blog. Pero mira tú por dónde que, un rato después de dar por válido lo escrito, me entero que esa misma noche es el invitado de El Hormiguero. Vista y escuchada con atención la entrevista, obligatorio cambio de planes, ya que en este caso el hombre es más grande que su propia obra, cosa harto difícil, pero aplicable en toda regla a Pérez-Reverte.
Pocos autores, y menos aún septuagenarios como él, se muestran tan activos en redes sociales ni alientan con sus tweets debates tan encarnizados sobre asuntos de importancia, en mi opinión, nacional. Sus detractores son belicosos y sus defensores, aguerridos. Aunque en mi opinión estos últimos sobran. Pérez-Reverte dispone de un arsenal lingüístico, ideológico y vital suficiente para apabullar a cualquiera que le rebata sin ningún tipo de ayuda. No en vano es Real Académico de la Lengua Española, entre otras muchas cosas.
Su intervención en el Hormiguero provocó en tiempo real cientos de comentarios en redes, unos aplaudiendo sus ideas, otros mostrando su estupefacción por las opiniones vertidas ante las cámaras.
Deja frases memorables, como ya lo hizo en su anterior intervención hace un año:
"La mujer tiene una manera de mirar, unos silencios, que el hombre no tiene".
"No puedes tratar igual al alumno brillante que al que se niega a estudiar o no tiene talento".
"Un ocaso no es malo. Todos vamos a morir".
Pero de todas las lecciones que impartió ayer el maestro no tengo duda alguna de que la más importante, aunque nos suene a predicción fatalista, es la de "estamos criando jóvenes indefensos para cuando mañana venga el apagón". Y cuánta razón tiene.
Esa dependencia del enchufe, esa creencia de que todo se soluciona mediante un dispositivo, una conexión Wifi y una toma de corriente nos hace extremadamente frágiles. A quien ha vivido tan de cerca y durante tanto tiempo la guerra, a quien ha contemplado la crueldad en tantos lugares del planeta, no se le puede ignorar cuando nos recuerda lo peligroso que es el mundo. Como tampoco podemos obviar el hecho de que el mundo está cambiando y que no estamos proporcionando a nuestros hijos las herramientas necesarias en caso de que este barco choque con un iceberg y se hunda.
Pero claro, y este charco sí lo evitó, ¿cómo le metemos mano a esto? ¿Quién es el valiente que osa acometer la tarea? Buscar una solución a este futuro problema debería ser algo que Occidente se plantease, pero me temo que están todos demasiado ocupados debatiendo temas presentes, no hay tiempo para analizar con detenimiento lo que ocurrirá el día de mañana.
P.S.: No puedo finalizar mi entrada de hoy sin recomendaros encarecidamente Revolución. Me guardo la reseña para mi archivo personal, pero está a disposición de quien esté interesado en leerla.
P.S.2.: Es posible que no saliese nada de provecho, pero no dejo de pensar en lo bien que me lo pasaría si Don Arturo compartiese mesa y mantel con Joaquín, el jugador del Betis, que estuvo también recientemente en El Hormiguero. ¡Cuánto arte junto!
No hay comentarios:
Publicar un comentario