miércoles, 9 de noviembre de 2022

El dolor que no ves

Desde que publiqué El mordisco del lobo en este blog, habéis sido muchos los que o bien me habéis escrito o bien me habéis llamado para preocuparos por mi estado de salud y para trasladarme vuestros ánimos. Lo primero que deseo hacer en esta entrada es agradeceros el tiempo empleado y el interés mostrado.

Se confirma mi teoría de que los cambios meteorológicos afectan a mi recuperación: si amenaza lluvia o hace frío, el dolor aumenta. También que mantener ciertas posturas durante un tiempo prolongado o actividades como, por ejemplo, conducir, incrementan por lo general esa sensación de mordisco de la que hablé en su día. No obstante, debo admitir que desde hace un par de semanas percibo una ligera mejoría. Hace unos días estuve en la Unidad del Dolor y han decidido hacerme una resonancia lumbar, ya que sospechan que, de haber pasado tanto tiempo encorvado a causa del dolor, se me ha podido generar una hernia lumbar o similar que hace que el dolor se incremente en determinadas circunstancias. Así que me toca esperar resultados para determinar si continuamos con el actual tratamiento o debemos modificarlo.

Una vez dadas las gracias y el parte médico, me gustaría rescatar y comentar algunas ideas que habéis compartido conmigo durante las conversaciones que hemos mantenido sobre el herpes zóster y la neuralgia postherpética que padezco.

Yo no sabía qué esto era así.

Yo tampoco. Había oído hablar por supuesto del Herpes Zóster, la famosa culebrilla, pero no tenía ni idea de que, aparte de los picores y molestias, consecuencia de las ampollas que, en mayor o menor medida, aparecen en la piel, puede también presentarse este dolor que no veo. Ya sé que ningún dolor se ve, pero mentalmente la perspectiva cambia cuando hay una herida o incluso una radiografía en la que visualizar lo que genera el dolor. Aquí no hay prueba médica que muestre el daño en las terminaciones nerviosas y su alcance. Sea como fuere, aquí os dejo algunos apuntes sobre esta enfermedad.

- Sólo puede afectar a aquellas personas que hayan pasado la varicela. El virus permanece latente en nuestros organismos y puede no volver a dar la cara nunca. O darla varias veces.

- Una de cada tres personas mayores de cincuenta años lo padecen en algún momento, afectando en mayor proporción a las mujeres.

- La mayoría de los que padecen el herpes zóster no sufren la neuralgia posterior, siendo en estos casos el tiempo medio de recuperación cinco días aplicando el tratamiento correspondiente.

- En el caso de la neuralgia postherpética, no hay un tratamiento definitivo, aunque la gabapentina es en muchos casos efectiva. Los analgésicos y los parches de lidocaína ayudan a aliviar el dolor. El tiempo medio de duración de la neuralgia es de tres meses, aunque en ocasiones desaparece antes, en otras se repite de manera intermitente y en los peores casos es de por vida.

- La franja de edad con mayores casos es a partir de los 75 años y de hecho este año la Comunidad de Madrid está ya vacunando a los mayores de ochenta como medida preventiva.

- El herpes zóster es contagioso, pero tan sólo mientras la erupción cutánea está activa. En mi caso desapareció a la semana de su aparición aproximadamente, para tranquilidad de los que habéis tenido contacto conmigo durante estos meses.

Pero, ¿tanto duele?

Sí, mucho. El cuadro inferior muestra, según un estudio de ABC Salud, que se trata de un nivel de dolor superior a la artritis, la artrosis o incluso el dolor del parto, dependiendo de si nos referimos al dolor crónico de la neuralgia o al dolor agudo del herpes.


Por hacer una broma fácil, si alguna mujer me dice ahora que no sé lo que es parir, le diré que ella no sabe lo que es el herpes zóster.

¿Has probado a...?

He tenido momentos de desesperación absoluta en que habría estado dispuesto a experimentar casi con cualquier cosa, pero admito en frío que soy muy suspicaz con ciertos remedios que algunos me habéis sugerido: acupuntura, ungūentos, marihuana, incluso rezos para ahuyentar al virus. Respeto estas opiniones y creencias, pero intuyo que el posible efecto que puedan tener será, en el mejor de los casos, el mismo que una ampolla de Metamizol, que es lo que por ahora me da cierto respiro.

No te desanimes

Durante estos casi seis meses mi estado anímico ha sufrido serias oscilaciones, aunque en mi cabeza siempre, desde el primer día, ha anidado la preocupación. Es muy distinto afrontar algo así cuando tienes un puesto de trabajo esperándote y sabes que tu enfermedad no repercute en la economía de tu casa, que hacerlo estando en el paro. Esto genera en ocasiones mucha ansiedad, algo que tampoco es bueno en mi situación, dado que precisamente es el estrés lo que ha provocado que me encuentre ahora así. Pero, ¿cómo evitarla? No me está resultando fácil.

Más allá de esa constante inquietud, al principio estaba enfadado conmigo mismo por haber permitido que el trabajo me sobrepasase hasta el punto de enfermar. ¿Cómo no me había dado cuenta de lo que tantas horas de trabajo y tantos días de forzar la máquina para llegar a los objetivos me estaban haciendo? No puedes tampoco evitar culpar a quienes te marcaban esos objetivos y no se percataban de los extremos a los que te estaban llevando. Creo que esto último es algo inevitable, aunque en el fondo uno sepa que la principal responsabilidad recae en uno mismo, no en los que te pagan para hacer ese trabajo. Esa fase la superé pronto, soy de esos que piensan que es más urgente buscar soluciones que culpables, así que no perdí demasiada energía en ello.

Tuve luego momentos de desesperación, de abrir los ojos cada mañana y echarme a llorar. No se me saltaban las lágrimas porque el dolor fuese intolerable, sino porque el dolor no se va, está ahí cuando te acuestas y continúa presente cuando abres los ojos. Puede llegar a ser muy deprimente.


He tenido también fases de venirme arriba, de sentirme mejor durante dos días seguidos e ilusionarme con la idea de que ya me estoy recuperando. Se viene todo abajo como un castillo de naipes al tercer día, cuando de repente tienes un pico de dolor que te recuerda que esto aún no ha terminado.

Ahora mismo creo que me encuentro en una fase de aceptación. La preocupación por cómo puede afectar esta incapacidad al futuro económico de tu familia está siempre ahí, como el dolor, pero creo que estoy consiguiendo minimizar sus efectos. Sigue habiendo mañanas en que, al despertar, el desánimo amenaza con tumbarme de nuevo, pero me levanto inmediatamente de la cama y me pongo a hacer algo, mejor ocuparse que preocuparse. Intento que esto no me supere. Puedo con ello. No me desanimo.

¡Qué buena idea lo del blog!

Sin duda la única buena que he tenido estos meses. He recuperado sensaciones que la rutina me hizo olvidar hace muchos años y es la mejor distracción que he podido encontrar. ¿Podéis creer que siento menos dolor cuando escribo? Y no sólo eso, sino que mi curiosidad sobre muchas cosas y personas que llevan pasando por delante de mis narices años se ha despertado. Mis padres me están acompañando en ese sentido, rescatando de su memoria anécdotas y recuerdos que me asombra no haber conocido antes o no haber prestado la debida atención cuando en su  momento los compartieron conmigo. 

Fijaros que no hay nada con lo que haya soñado más desde niño y que a la vez me parezca más difícil que escribir una novela. Pues le estoy dando muchas vueltas ahora. Sé que la tengo dentro, pero aún no encuentro el camino. Ojala las ideas encajen y me lance a ello. ¿Quién sabe? Me parece una cima demasiado escarpada para quien ha estado tanto tiempo sin escribir, pero todo es posible. Deseo cumplir ese sueño.

En fin, una vez más agradeceros a todos vuestro apoyo, vuestras llamadas, mensajes o simplemente por asomaros a esta ventana y comentar mis escritos.

P.S. Para quien desee más información sobre el herpes zóster aquí os dejo un enlace interesante.

https://www.virusherpeszoster.es/index.html

 

3 comentarios:

  1. Saaaantiiiiii, no sabía nada, ánimo que esto es solo un empujón para darnos un gran libro, empieza ya con un borrador que seguro algo bueno sale y mientras te olvidas del dolor. Un abrazo fuerte para ti, la rubita y los "peques"

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  2. Gracias, seas quien seas, jajaja! Que por Anónimo no sé quién eres, aunque se me ocurren un par de posibilidades. Bueno, en ello estoy, escribiendo las primeras páginas, a ver qué sale. Besos, abrazos o ambos, lo que toque!

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