lunes, 19 de diciembre de 2022

Esto no se dice

Alejandro es, entre otras cosas, traductor y escritor, tiene cincuenta y cinco años y cuando sólo contaba ocho fue violado en repetidas ocasiones por su maestro y tutor, un sacerdote del colegio La Salle en Barcelona. Sufrió también durante toda su etapa escolar acoso por parte de sus compañeros. Durante más de la mitad de su vida, la ayuda de psicólogos y terapeutas para intentar comprender lo que le sucedió y para conseguir llevar una vida medianamente normal le ha resultado indispensable. Padeció durante años y de manera intermitente el síndrome de fatiga crónica como consecuencia de aquellas experiencias. Afectivamente se vio incapacitado hasta su madurez para abrazar y ser abrazado, incluso por su madre. Le aterrorizaba el contacto físico con otra persona, su cuerpo interpretaba que cualquier gesto de estas características implicaba una exigencia sexual. Tras varios intentos, ha renunciado a la vida en pareja.Recientemente se trasladó con sus perros al valle del Batzán y vive aislado del mundo porque afirma necesitar el silencio, ya no sólo para escribir, sino sobre todo para poder respirar. Antes de esto residía en un pequeño pueblo de tan sólo seis viviendas en la provincia de Barcelona, ciudad de la que es originario.




No sería hasta el fallecimiento de su madre, el gran pilar de su vida, cuando tomó la decisión de hacer públicos los acontecimientos que marcaron su niñez y los numerosos "esto no se dice" que determinaron el tipo de persona que es y la vida que aquellos hechos le han permitido llevar. Fue a principios de este año que termina cuando dio el paso y confesó en una entrevista su historia. Era ya por entonces un autor reconocido por crítica y público gracias a la concesión del Premio Nadal en el año 2018 por la novela "Un amor" y por el éxito de la trilogía compuesta por "Una madre", "Un niño" y "Un perro", publicada entre 2014 y 2016, pero poco se había filtrado hasta el momento sobre su vida personal.     

Yo descubrí a Alejandro Palomas a finales de 2019. Él llevaba alternando su labor como traductor y su trabajo como novelista desde el año 2002, pero había pasado completamente desapercibido bajo mi radar hasta que en 2018 le concedieron uno de los premios más destacados del sector editorial español: el Nadal. Un amor permaneció casi un año entero camuflado en la memoria de mi Kindle, esperando a ser abierto y descubierto. Fue 2019 un año en que intenté recuperar el tiempo que había perdido durante los dos anteriores, en los que, por circunstancias laborales, había leído menos de lo habitual y se me habían ido acumulando numerosos títulos a los que di mayor prioridad. 

A la novela de Alejandro le llegó el turno a principios del mes de diciembre de 2019, tras haber finalizado El beso azul, de Jordi Serra i Fabra. Se convirtió al momento y sólo con ese trabajo en uno de mis escritores de cabecera, por su virtuosismo literario y emocional y por lo entrañable que resulta la familia protagonista y especialmente Amalia, un reflejo de la madre del propio Alejandro. Supe que esta novela era una más de una serie que se había iniciado con Una madre y antes de finalizar el año devoré toda la saga, quedándome, al terminarla, con esa sensación de necesitar más que algunos lectores perseguimos y adoramos. Es como esa tristeza que a uno le invade cuando algo importante llega a su fin. Cuando decimos qué bonito ha sido y no quiero que se acabe.

Durante estos tres años, como un drogadicto con reservas limitadas, he ido dosificando las novelas de Alejandro, leyéndolas despacio, dejándome contagiar por su manera de contar las cosas, permitiendo que sus personajes me acaricien el corazón, descubriendo un poco más a la persona que hay detrás de sus relatos.


Y estoy echando el cierre literario a mi 2022 tal y como finiquité 2019: con un libro suyo en mi mesilla. El que este pasado mes de septiembre publicó y que se titula Esto no se dice, el relato descarnado y poderoso de su propia existencia, narrado desde la perspectiva de un Alejandro que revive su infancia una vez más a pecho descubierto, un Alejandro que parece por fin en paz consigo mismo, un Alejandro que, después de mucho vagar, ha encontrado su lugar en el mundo.

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