Pues me lo creí, piqué como un idiota. Vaya en mi descargo que no sé en qué día vivo y que no son los Santos Inocentes una celebración que en casa tengamos muy presente. Y que me habría hecho mucha ilusión, sobre todo por los nombres que hipotéticamente iban a participar en el remake de Verano azul.
Cuando Chanquete se murió, yo había cumplido ocho años, así que las lágrimas y la conmoción duraron varias semanas. Inevitable. Como cuando David el Gnomo se convirtió en árbol. Por mucho que aquella imagen pretendiese evitar traumas a nuestras inocentes seseras, para mí fue otra de esas muertes televisivas devastadoras que marcan tu infancia. ¿Se emocionan o traumatizan hoy los niños de la misma manera que lo hacíamos nosotros cuando nuestros personajes ficticios más queridos desaparecían de nuestras vidas? Quizá con Amador, el de La que se avecina, si decidiesen borrarle de la serie, cosa que dudo. Porque no sé los de los demás, pero mis hijos le adoran.
Es que tú fíjate, es una broma que no nos importaría tragarnos, al menos a mí, tal y como está planteada. Comenzando por el elegido para liderar este remake, que no sería otro que Fernando León de Aranoa, garantía de calidad en todos sus proyectos y que ha demostrado, en obras como Los lunes al sol o la más reciente Sintiéndolo mucho, ser un maestro a la hora de reflejar los sufrimientos y las pasiones de sus personajes. Y Verano azul, por mucho que fuese un fenómeno de masas en los años ochenta, apuntaba directamente a los corazones de los espectadores a través de unos personajes muy cercanos en los que todos, de una u otra manera, nos reconocíamos.
Y hablando de los protagonistas, los actores supuestamente seleccionados para encarnar a los personajes adultos, podrán gustar más o menos, pero a mí me iban generando, según iba cayendo en la trampa, una expectación más que justificada. Karra Elejalde interpretando a un Chanquete moderno, menudo desafío habría supuesto para el actor vasco, más que capacitado, a mi parecer, para enriquecer al personaje con nuevos matices. Elena Rivero, una habitual de nuestras series desde su aparición en Cuéntame cómo pasó, nos traería de vuelta a Julia, la pintora. Como padres de los miembros de la pandilla, un grupo de actores que son un auténtico lujo para cualquier director: Maribel Verdú, Rodolfo Sancho, Candela Peña, Fernando Tejero, Ana Turpin, Willy Toledo y el propio Juanjo Artero (el Javi de la serie original).
Si la inocentada chirriaba por algún lado era con el elenco infantil, mencionándose como candidatos entre otros a Carlos Higes, nuestro último representante en Eurovisión Junior, o Josetxo, ganador de Masterchef Junior. Pero, aún siendo bastante incongruente la elección de estos chavales para interpretar a Javi y Quique respectivamente, yo seguía tragándome la bola.
Que la música también se ajustaría a los nuevos tiempos, que C. Tangana sería el encargado de adaptar la mítica canción de cabecera y que Quevedo tendría un papel importante en la banda sonora no me descolocó demasiado. Hay que intentar enganchar a nuestros jóvenes para repetir el éxito cosechado con la versión original, pensé, así que conmigo la broma aún funcionaba.
Que la acción se desarrollaría en esta ocasión en la Playa de los Locos en Suances, en vez de en Nerja, me parecía a priori irrelevante, aunque llegué a interpretar el cambio de localización como una intención de recrear las andanzas de los chavales en un escenario diferente, con una luz distinta. Incluso llegué a plantearme optimista los temas que podrían abordarse en este remake: la delincuencia juvenil, la dependencia tecnológica, la xenofobia o la manera tan radicalmente diferente de entender el sexo entre nuestra generación y la actual.
Inocente, inocente. Me tocó retocar esta entrada para no caer en el mayor de los ridículos si la publicaba.
Pero, ¿os imagináis? Piraña ya no comería bocatas, sino kebabs, que pediría a Glovo desde su Iphone 11. Bea ya no se sonrojaría ante los torpes escarceos de Javi y Pancho, sino que sería ella la que les sacaría los colores bailándoles atrevida un reggaeton. Desi no usaría gafas, sino lentillas. Javi sería un gay reprimido y Julia una lesbiana despechada viviendo un verano de desenfreno, por eso de acoger en la serie a la comunidad LGTQB, y Pancho sería un mulato con muchas horas de gimnasio, por el tema interacial. A Tito ya no se le pondria cara de besugo viendo a las chicas pasearse en bikini por la playa, sino que les pediría su insta a todas y cada una de ellas.
En cualquier caso habría sido bonito volver a cantar el No nos moverán a ritmo de María Becerra y a silbar aquella melodía que a nuestra generación le hace recordar inevitablemente a ese grupo de niños que vivía el verano tal y como nosotros lo hacíamos.
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