Empecé a escribir cuando era bastante joven. Creo que la época mayor producción literaria se desarrolló en mi caso entre los diez y los dieciséis años, aunque posiblemente sea mi madre quien, si hoy el día está despejado, quizá pueda recordarlo mejor que yo. Siempre se sintió muy orgullosa y admiró esa capacidad mía, incluso sospecho que llegó a fantasear con algo grande para mí en el ámbito de las letras. Creo, de hecho, que aún lo espera.
En aquel entonces escribía mis textos a bolígrafo en un cuaderno, para luego transcribirlos a folios en blanco mediante una vieja máquina de escribir que teníamos en casa. Andan todavía por aquí, en algún cajón de mi casa, escondidos y plastificados en un único volumen. Compartir todo aquello era algo muy íntimo, personal y arriesgado, dado que no era más que papel y resultaba fácil que se perdiese. En aquella época la informática daba sus primeros pasos y eran pocos los que disponían de un ordenador. Casi nadie leyó aquellas historias y aquellas poesías. Pero no me importaba, ya que escribía para mí, para nadie más.
El propósito principal de este blog, como ya comenté cuando lo puse en marcha hace hoy cuatro meses, era recuperar aquellas sensaciones. Volver a escribir por darme ese gusto, dado que siempre encontré en las letras tranquilidad y alivio. También porque lo necesitaba en un momento complejo de mi vida en el que aún ando sumergido. Pero también pensé que lo que yo tuviera que contar podría interesarle a alguien más y por eso, en vez de almacenarlo en el disco local de mi ordenador, decidí lanzarlo al mundo a través de la tecnología Blogger. Y resultó que había gente a la que le apetecía leerme. Gente que, desde el primer momento, añadía algún comentario en el blog o, lo más común, porque muchos no han localizado la opción "COMENTAR" o han preferido que la cosa quedase entre ellos y yo, que me escribía por whatsapp para decirme cuánto le había gustado tal o cual texto. Así que, en atención a esos fieles seguidores, comencé a anunciar en redes mis entradas cada vez que publicaba una nueva para que les resultase más fácil llegar a la web. Pero sigo escribiendo para mí, no para los demás. No voy a negar que es tremendamente satisfactorio saber que alguien te lee, que a uno le tienta la idea de buscar maneras de llegar a más gente y obtener un mayor reconocimiento. Diré que estoy muy agradecido a quienes os tomáis la molestia de dedicar unos minutos a escuchar lo que a través de estas líneas cuento. Y emocionado por las palabras de algunos. Pero mi objetivo sigue siendo el mismo que al principio: escribir por y para mí. Es mi ventana al mundo en estos tiempos en que vivo más en una cueva que en la vida real. Necesito escribir más que el hecho de que me lean. Necesito utilizar mi voz.
Entre otras muchas funciones, Blogger ofrece la posibilidad de analizar las estadísticas relativas al blog. Cuántas visitas recibe la web, qué entradas son las más leidas, desde qué tipo de dispositivo acceden... me es imposible saber quién lee concretamente un determinado texto, por lo que si alguien lo hace por compromiso o solidaridad puede dejar de hacerlo, ya que yo no me enteraré de su deserción. Admito que al principio no le prestaba demasiada atención al análisis de estos datos, ya que, tal y como he dicho, no es mi propósito captar adeptos o aumentar mi número se seguidores. Pero, cuando llevaba ya publicadas diez o quince entradas, me empezó a picar la curiosidad. Ya sabéis, soy el chico de las listas. Y he continuado revisando periódicamente esos datos para ver cómo se reciben mis publicaciones. Sé que esto no conjuga muy bien con mi propósito inicial, pero en este caso gana mi afición por la estadística.
Han pasado cuatro meses y observo que he publicado ya, en el momento que escribo estas líneas, casi medio centenar de entradas. No esperaba, al comenzar esta aventura, publicar con tanta frecuencia, pero las ideas me asaltan tres o cuatro veces al día y cada mañana le dedico un par de horas a escribir. De hecho, tengo ya en la recámara otra veintena de textos que iré compartiendo próximamente. El blog ha recibido más de dos mil quiniesntas visitas desde que lo abrí, dato que me tiene completamente alucinado. No se me escapa que un alto porcentaje de esas visitas son las realizadas por aquellos que más te quieren, es decir, tu mujer y tus padres, que habrán leído y releído algún texto cuatro o cinco veces, pero aún así, estoy gratamente sorprendido. Tengo la suerte de contar con treinta y un seguidores, y me consta que si no hay más, es porque no saben cómo hacer para figurar como tales. Mis anuncios en redes de los nuevos textos rondan las cuarenta visualizaciones de media. En este sentido combato con el problema de que tanto Facebook como Instagram prohiben compartir enlaces a páginas como esta y me suelen eliminar la historia pocas horas después de subirlas, pero estoy buscando la manera de superar este obstáculo.
En cuanto a las entradas más leídas, las más populares son El negociador, algo que se explica, sin ser mi creación más lograda, porque compartí de manera más personalizada el texto con antiguos compañeros de trabajo por estar el mismo dedicado a ellos; Amarraditos los dos, la historia de amor de mis abuelos maternos, que me consta mi familia ha leído y compartido varias veces, y ¿Por qué este blog?, algo que también tiene su justificación por el hecho de ser el primer texto que publiqué y por lo tanto la novedad generó cierta expectación. Los artículos de la serie Lo que la cancha nos da tienen también buena acogida, como los dedicados a comentar mis ideas y experiencias con mis hijos adolescentes.
Aquí seguiré, espero que durante mucho tiempo, disfrutando de la paz que escribir y contar historias me proporciona en esta fase tan extraña de mi vida y agradecido por todos aquellos que empleáis parte de vuestro tiempo en leerme.
Muchas gracias a todos.


Pues es admirable ese amor a la literatura y sobre todo es gratificante saber que tambien es terspeutico. A mi tambien me emocionan tus escritos,
ResponderEliminarMuchas gracias, Anónimo!!
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