miércoles, 8 de marzo de 2023

Lo que la cancha nos da: padres en la grada

Hoy hago una pausa en la descripción cronológica de las andanzas de mis hijos por las canchas de baloncesto para intentar analizar el comportamiento del público, fundamentalmente padres, que a este tipo de acontecimientos asisten. Porque la grada de cualquier evento deportivo constituye un entorno independiente en el que uno puede encontrarse con toda clase de aficionados, cada uno con sus peculiaridades y manías propias. A veces me pregunto, en mitad de un partido, a qué conclusiones llegaría un observador imparcial e inmune a la magia del deporte sobre la fauna que comparte (compartimos) los pabellones de baloncesto o las pistas de fútbol.

A pesar de que han sido tres los encuentros a los que, gracias a los fármacos, he podido asistir este pasado fin de semana, dos de baloncesto de mis hijos y uno de fútbol siete de mi sobrino Izan, utilizaré el que protagonizó mi hijo Marcos, un duelo de alta rivalidad entre Estudiantes y Alcorcón Basket en categoría cadete, que requirió además una prórroga, para profundizar en mi personal clasificación de las distintas especies de padres que pueblan el graderío.


El padre contenido: especimen en evidente peligro de extinción. Se caracteriza por mostrarse aparentemente imperturbable ante los estímulos que recibe mientras observa un partido, aunque en su interior bullen toda clase de emociones más intensas que se esfuerza por contener. Ante ciertas situaciones de tensión, no obstante, el individuo pierde la batalla consigo mismo y termina optando o bien por abandonar el pabellón o por transformarse en una clase de forofo más agresivo.
Riesgo de conflicto: bajo.

El padre estudioso: de comportamiento similar al ejemplar anteriormente comentado, ya que no da muestras de implicarse emocionalmente ante los lances que se producen a su alrededor. No estudia los comportamientos humanos de los participantes en los eventos, sino que analiza las acciones que los mismos llevan a cabo sobre el terreno de juego. Algunos de ellos tienen por costumbre tomar notas, a veces equipados con dispositivos electrónicos que les sirven en su labor, y compartir sus conclusiones antes, durante y después del partido con el resto de individuos. Pocas veces da valor al resultado final del encuentro. Es inextinguible, siempre habrá alguno en la grada.
Riesgo de conflicto: nulo

El padre querulante: este tipo de papá puede llegar a ser extremadamente molesto para el resto de especies que comparten con él grada, para los jugadores y sobre todo para los árbitros. Es aquel que todo lo protesta desde que se inicia el encuentro hasta que finaliza, siendo irrelevante si el partido se encuentra reñido o si lo que reclama tiene algún sentido. Si considera además que es su hijo el afectado por una situación o decisión específica, suele subir varios tonos el volumen y contenido de su protesta. Habitualmente se trata de individuos sometidos a un alto estrés en sus vidas particulares o con profundas frustraciones y utilizan el deporte de sus hijos como vía para liberar la tensión acumulada, aunque casi siempre suelen ser respetuosos con las palabras que utilizan con aficiones y jugadores rivales.
Riesgo de conflicto: potencialmente alto.


El padre preocupado: este tipo de aficionado suele encontrarse en categorías en que los niños son aún pequeños y por tanto más frágiles y vulnerables, tanto física como emocionalmente. Por razones de índole cultural, suelen ser hembras que no disfrutan realmente realmente del espectáculo y que tan sólo respiran aliviadas cuando su cachorro se sienta en el banquillo, donde el riesgo de un golpe o una lesión se reduce de manera considerable.
Riesgo de conflicto: bajo.

El padre animoso: este especimen, de comportamiento generalmente simpático y divertido, suele alimentarse con glotonería antes y después de los partidos, dado que quemará durante el encuentro tanta energía como los propios participantes en la actividad. No acostumbra a mantenerse pasivo en la grada, es sumamente inquieto, aficionado a los cánticos y a animar a sus iguales a que le imiten. En ocasiones, llevado por su entusiasmo y de manera inconsciente, puede terminar enfrentado a la afición rival o provocando su indignación.
Riesgo de conflicto: medio

El padre deportivo: especie habitual en eventos de benjamines que paulatinamente va desapareciendo a medida que los hijos crecen. Aplaude a sus jugadores, a los rivales, a los árbitros, a los entrenadores y hasta al que pasa la mopa cuando un chico se resbala. Todo le parece bien porque todo es aprendizaje. Acostumbran a asistir a los partidos con una sonrisa, mantenerla durante el mismo y compartirla con unos y otros al finalizar la experiencia.
Riesgo de conflicto: extremadamente bajo.

El padre relaciones públicas: se trata de un tipo de padre que asiste a los eventos deportivos de sus hijos con el fin prioritario de fomentar y potenciar sus relaciones con el resto de los participantes en el juego. Entiende la actividad como un acontecimiento social, más que como uno deportivo. No suele estar demasiado pendiente de lo que en la cancha ocurre porque se pasa el partido charlando con unos y con otros. Puede ser molesto en ocasiones, pero cualquier afición precisa tener en sus filas un ejemplar de estas características para intermediar amistosamente con las entidades rivales cuando se producen enfrentamientos verbales poco afortunados.
Riesgo de conflicto: extremadamente bajo.


El padre fotógrafo: su objetivo principal antes de iniciarse el enfrentamiento es localizar la posición más favorable desde la que avistar todo lo que en el partido sucede para grabar o fotografiar las situaciones más importantes del evento, especialmente las realizadas por su churumbel. En función de las herramientas de que disponga para ello y de su capacidad para manejar las mismas, disfruta en mayor o menor medida del partido. Tiene la capacidad de combinar durante el proceso su rol natural con los rasgos de cualquiera de los otros prototipos mencionados. El resto de sujetos del propio equipo suele mostrarle su agradecimiento dado que comparte con ellos lo grabado para que sirva de recuerdo a todos los componentes del equipo.
Riesgo de conflicto: imprevisible

El padre instructor: es aquel que, una vez terminado el partido y habitualmente en las soledad familiar, alecciona y sermonea a su hijo sobre los errores que ha cometido. Acostumbra a confundir su labor y aspira a ser entrenador en algún momento. Cuando ofrece a su hijo alternativas y el tono que utiliza es constructivo, su influencia puede ser muy positiva, pero si se limita a criticar lo que su hijo ha hecho en cancha se transforma en un sujeto claramente peligroso para la estabilidad mental y anímica del crío.
Riesgo de conflicto: medio.

El hooligan: sin duda, el más peligroso y dañino modelo de padre en la grada. No tiene respeto por nada o por nadie y suele insultar, amenazar, gesticular y en ocasiones provocar. El más cruel de esta clase es el que dirige sus ofensas a los niños que participan en el encuentro, sin importarle la edad que los mismos tengan. Ningún otro miembro de la fauna existente en la grada desea tenerle cerca, pero en ocasiones no queda más remedio que compartir espacio y tiempo con ellos. Son un cáncer cada vez más extendido en las canchas y pistas deportivas.
Riesgo de conflicto: extremadamente alto.


Puedo afirmar que el número de especies que coexisten en la grada es mucho más variado y que no todas han podido ser aún catalogadas, pero algunas de las mencionadas son las que con mayor frecuencia han sido avistadas y cualquier asiduo a este tipo de acontecimientos dispone de la habilidad suficiente para poder identificarlas rápidamente y tomar las decisiones pertinentes sobre la distancia que debe interponer entre el ejemplar en cuestión y él mismo.

Una de las conclusiones más relevantes del estudio realizado demuestra que nuestros críos acaban imitando los comportamientos y actitudes que han observado de manera continuada en sus progenitores, por lo que es recomendable que los clubes y entrenadores, desde el primer momento, recuerden a los padres la importancia de su rol y las normas que deben aplicar para conseguir que la actividad aporte al niño salud y valores, y que copio para finalizar este texto y para que todos los que se identifiquen con esta coyuntura reflexionen sobre ellas.
 



 

 

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