sábado, 11 de marzo de 2023

The last of us

Si este servidor está suscrito a Netflix es por la gran variedad de títulos que ofrece en su plataforma. Siempre hay, además de muchas series y películas irrelevantes, algunas que realmente merecen la pena. La suscripción a Amazon Prime es casi de naturaleza obligada si eres usuario habitual de sus servicios (¿y quién no lo es hoy en día?), pero su oferta audiovisual gratuita es bastante pobre. Y luego está HBO Max, cuya propuesta es cuantitativamente muy reducida, pero con producciones de altísima calidad. Sólo ellos podían llevar a la pantalla las historias de los Lannister y los Targaryen, por ejemplo. Y sólo ellos, ¿cómo no?, podían atreverse a transformar uno de los videojuegos más vendidos de la historia en una serie de televisión imprescindible.


Para los que no conozcan el argumento de The last of us, nos encontramos en un escenario postapocalíptico muy recurrente en las producciones televisivas y cinematográficas de los últimos años. En este caso se trata de un hongo que, debido al calentamiento global de la tierra, ha logrado invadir el cerebro humano, ha mermado notablemente a la población y amenaza con su extinción. Nuestros protagonistas, Joel (interpretado por el chileno Pedro Pascal) y Ellie (encarnado por Bella Ramsey), inician una suerte de road movie que les hará atravesar los Estados Unidos para comprobar si la sangre de Ellie, una adolescente que estuvo en contacto con el hongo y no resultó contagiada, puede ser la clave para conseguir una vacuna eficiente.

Si nos quedamos sólo con el argumento, el videojuego y la serie no aportan nada que otros no hayan hecho ya antes. Es en la magnificencia de los escenarios, en unos logrados efectos especiales, en la partitura de Santaolalla y sobre todo en la relación que se establece entre los personajes principales donde la serie alcanza la excelencia y supera la experiencia que nos proporciona el juego, ampliando el universo de la saga y ofreciendo un contexto a personajes secundarios cuyo papel en la consola es puramente anecdótico.


La serie no es sólo amena gracias a las elaboradas escenas de acción, sino que se balancea con elegancia entre el drama y la comedia al mismo tiempo que nos coloca frente a interrogantes de hondo calado humano, científico y metafísico. La relación entre Joel, una suerte de arisco traficante de objetos difíciles de conseguir en un mundo arrasado y que perdió a su hija cuando la pandemia se inició, y Ellie, una joven algo desvergonzada que trata de asimilar su posición en este contexto, es pura delicatessen. Ambos actores están soberbios, especialmente ella, que eleva a su personaje a una dimensión superior, y pulsan las teclas adecuadas para que los espectadores deseemos, no sólo que sobrevivan, sino que sean capaces de darse el uno al otro lo que ambos necesitan: cariño entre tanta maldad y desesperación.

Mi hijo mayor, Sergio y yo, nos volvimos hace tres o cuatro años adictos al videojuego, y el hecho de que ahora podamos disfrutar de una serie basada en el mismo nos ha hecho reencontrarnos, no sólo con una historia apasionante, sino también con nosotros mismos. Ha sido la excusa perfecta para sacarle de su cueva y volver a disfrutar juntos frente a la televisión de algo que no se puede pagar de ningún modo ni expresar con palabras. Y estamos disfrutando cada segundo.

Y por cómo se está desarrollando esta primera temporada, todo apunta a que tenemos The last of us para tres o cuatro años más.

Gracias, HBO Max, por este nuevo regalo.



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