Desde que puse en marcha este blog hace cinco meses como un intento de evadirme del pozo en el que la neuralgia postherpética me estaba hundiendo, pocas cosas han cambiado en cuanto a mi estado de salud, pero sin embargo han sido otras muchas las que han variado en cuanto a mi manera de contemplar la vida, a los que me rodean y sobre todo a mí mismo.
Cuando creé Sin agenda ni calendario lo hice por darme el gusto de escribir. Sí, es lo que he argumentado desde el primer día, pero comprendo ahora que la verdad, que no admitía ni siquiera ante mí mismo, era que necesitaba darle un sentido a la inactividad a la que mis problemas de salud me obligaban. Vivía, allá por el mes de septiembre, prisionero de un dolor físico que no era capaz de dominar y que me empujaba irremisiblemente hacia una depresión que me negaba a admitir. La ansiedad por no saber qué sería de mí en el futuro y la preocupación por convertirme en un lastre para mi familia me tenía paralizado, incapaz de tomar ningún tipo de decisión, muy confuso sobre mi nuevo lugar en el mundo. Ahora me doy cuenta de que anímica y psicológicamente estaba mucho peor de lo que era capaz de reconocer, aunque fui lo suficientemente hábil frente a la psicóloga de la Unidad del Dolor como para hacerla creer también a ella que lo tenía todo bajo control. Me pesaba además percibir que a mucha gente que había sido importante para mí, el problema que yo padecía no era más que algo que cotillear con sus parejas en la cena antes de ponerse a hablar de otros asuntos. Confieso ahora que no estaba nada bien.
Este blog, que tanto me ha ayudado a superar todos esos pensamientos negativos, ha resultado clave también para minimizar los efectos de los fármacos, que me provocan sueño, bajadas de ánimo que me he forzado a ocultar y en ocasiones un agotamiento extremo.
Pero lo cierto es que Sin agenda ni calendario lleva sobreviviendo desde hace un mes gracias a textos que escribí ya hace tiempo. Ya no es igual, las ideas ya no fluyen de la misma manera. Incluso he eliminado muchas entradas pendientes de publicar que han perdido su sentido a medida que mi perspectiva ha cambiado. Ahora mismo tengo pocos textos preparados para publicar y noto cómo a mi mente le cuesta alumbrar otros nuevos que me hagan sentir orgulloso de ellos y que merezcan compartirse.
No creo en cualquier caso que la vida de este blog se acerque a su fin. Por gratitud a lo que por mí ha hecho estos meses y porque siempre tendré algo que me apetezca compartir con los que lo habéis apoyado desde el principio y que me seguís enviando comentarios tras cada publicación, pero es posible que percibáis en las próximas semanas una disminución en la frecuencia de mis publicaciones.
Creo que nadie, y mucho menos yo mismo, podía vaticinar hace ya casi un año que mi enfermedad fuese a prolongarse durante tanto tiempo. Ni que a estas alturas la mejoría que siento sea tan poco satisfactoria. Tanto es así que, en lo referente a mi futuro laboral, he comenzado a considerar que no me compensa seguir angustiándome y estoy iniciando los trámites para solicitar una incapacidad, que no sé si me será concedida, y de la que ignoro las condiciones que la acompañarían en el caso de que me fuese aceptada. El tiempo y el INSS serán quienes nos den una respuesta.
Y hay algo más, que ya adelanté en un texto de hace un par de semanas titulado La novela que aún no escrito y que creo debe entenderse, al menos así lo hago yo, como un avance positivo en mi manera de encarar esta situación. Estoy escribiendo mucho y aún así me faltan horas para todo lo que se me está ocurriendo. Novela, relatos cortos, cuentos infantiles. Y estoy presentando, sin excesivas aspiraciones, mucho de lo que escribo a concursos literarios que sé que no ganaré, pero que se han convertido ahora en mi prioridad.
Por todas estas razones, pido disculpas a quienes me seguís y disfrutáis de este espacio si os doy menos de lo que hasta ahora os he dado o si no os resulta tan atractivo como hasta ahora ha podido pareceros. Pero el cuerpo me pide ahora otros formatos, otras historias que aquí no me resulta tan sencillo desarrollar.
Seguiré por aquí, pero quizá me veais menos. Confío, sin embargo, que cuando tenga algo que realmente me apetezca contaros, también vosotros sigáis ahí.
Un abrazo fuerte para todos.



Eres un grande Santi, siento los dolores que debes estar pasando, pero reconozco que me encanta leerte y si publicas un libro o un cuento, novelas o lo que sea, te aseguro que también lo leeré
ResponderEliminarGracias, Arantxa. Ojala publique algún día algo, pero creo que como no me lo autoedite yo, será complicado. Pero bueno, el día que tenga algo, os informaré para enviárselo a quien lo quiera. Besos.
ResponderEliminar