Una buena vara de medir el impacto que en la cultura y en la sociedad tienen un actor, un artista, un político o una banda musical es preguntarle a nuestros jóvenes si saben quién es o quién era el sujeto en cuestión. Obviamente la respuesta puede variar en función del lugar del planeta o el momento de la Historia en el que plantees el asunto, pero hay nombres propios que trascienden más allá del plano geográfico y del espacio temporal para elevarse a un rango de universalidad inapelable. Puede que el chaval no haya visto jamás una película de John Wayne o no haya escuchado nunca un tema de los Rolling Stones, ya que seguramente ande todavía pugnando por superar la barrera anacrónica a la que todas las generaciones nos hemos enfrentado. Pero en un noventa y cinco por ciento de los casos esos nombres, como poco, les sonarán, ya que pertenecen a individuos que han influido de una manera relevante en el crecimiento artístico de nuestra civilización.
Si a mis quince años, por ejemplo, me hubiesen preguntado si sabía quién era Frank Sinatra, habría respondido que sí, aunque puedo asegurar que en aquellos tiempos, si alguna vez había escuchado algún tema suyo, quizá Strangers in the night, había sido sin duda por accidente y lo negaría ante cualquier juez.
A mis hijos les pongo Simply the best en el reproductor y no sólo la conocen, sino que incluso la tararean. Les informo de que ha muerto Tina Turner y me responden "no me jodas". Pero es muy posible - no he llegado a hacer la prueba - que no establezcan relación alguna entre la canción y la indiscutible reina del rock'n'roll.
Y es que Tina Turner era más que una leyenda o un icono. Era una de esas cantantes que, con su voz y su imagen, te hacía levitar. Bueno, de hecho y en mi caso, lo sigue y lo seguirá haciendo. Y es la suya, por casi todos conocida, una historia de la capacidad de superación e independencia de una mujer en un mundo que era muy, muy de hombres.
Cuando yo estudiaba en la Universidad, para ganarme unos cuartos, daba clases particulares de inglés, y uno de los ejercicios que utilizaba para habituar el oído de mis alumnos a la lengua de los hijos de la Gran Bretaña, era que completasen los huecos que yo previamente había dejado vacíos en la letra de una canción. Escuchábamos el tema un par de veces, yo con la doble esperanza de que captasen las palabras que faltaban y de que se sintiesen atraídos hacia mis gustos musicales, y ellos, la mayor parte de las veces, deseando acabar con aquel rollo que demostraba mi insufrible melomanía y pasásemos a otra cosa, mariposa. Había otras que acostumbraba a utilizar, por supuesto, pero la que siempre les ponía en primer lugar era What you get is what you see. Vivía fascinado por entonces con Tina y su álbum Break every rule y ese tema me cargaba las pilas como ningún otro.
Se nos ha ido la diva esta semana, aunque musicalmente ya nos había dejado a sus fans huérfanos hace casi dos décadas, cuando comenzó a espaciar sus actuaciones y cuando dejó de grabar en estudio temas nuevos para regalarse un merecido retiro en su mansión suiza hasta donde, a pesar de todo, la tragedia la persiguió en sus últimos años con el suicidio de su hijo Craig.
Y es que va tocando que a los de mi quinta se nos vayan muriendo aquellos que pusieron banda sonora a nuestra adolescencia. Ya se han marchado algunos antes de lo previsto, como Michael Jackson, Withney Houston o Meat Loaf, y otros no tardarán en hacerlo, aunque viendo recientemente, a sus setenta y tres años, a Bruce Springsteen en Barcelona (los que tuvieron el privilegio de poder verlo durante tres horas), uno piense que alguno quizá aún tengan cuerda para mucho rato.
Hay que estar preparado para ello y, en el caso de la reina de la selva, yo tenía muy claro desde hace años que el tema que escucharía el día que ella muriese para homenajearla sería On silent wings.
Ya lo sé: no es de sus temas más célebres, pero sí es uno de esos medios tiempos tan típicos suyos en que su voz lo envuelve todo de terciopelo negro desde la primera nota hasta el final, donde, junto a Sting (otro que, aunque algo más joven, no tardará en darnos un buen susto, me temo), lo terminan convirtiendo en un dueto apoteósico. Y aunque el tema hable en realidad de un amor que se marchó de manera discreta, tanto el título del tema como su cadencia definen a la perfección cómo nos ha dejado esa reina negra que en los ochenta nos parecía recién salida de la mismísima sabana africana y que, generosa como era en sus actuaciones, llenó nuestras vidas de electricidad y energía.
D.E.P. Tina Turner
Mary
ResponderEliminarNunca olvidaré la increíble tarde que viví junto a Nuria viendo el musical, no era Tina pero fue subir el Telon del teatro y sonar los primeros acordes de una de sus canciones y sentir un un escalofrío pensando en Antonio,cuanto le gustaba y a su vez hizo que a mí me gustase. Descanse en paz y seguro que allá donde esté seguirá sonando su música.
ResponderEliminar¡Cómo me habría gustado acompañaros! Pero me alegro que vivieseis y disfrutaseis vosotras de esa experiencia. Sé que era especial para vosotras. Un besazo
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