martes, 11 de julio de 2023

Tiempo de asueto

El hecho de que lleve más de un año sin trabajar a causa de mi enfermedad y de que este verano sea, por esa y por otras circunstancias, el tercero consecutivo que afronto desempleado, no rebaja las expectativas que siempre deposito en las dos semanas que habitualmente intentamos Nuria y yo reservarnos para salir en verano de Madrid, pasar tiempo de calidad juntos y cargar las pilas para enfrentarnos a lo que el curso nos depare. Este año en concreto, en que ella ha tenido que multiplicar sus esfuerzos y las horas fuera de casa para que mi situación no suponga una merma excesiva en nuestra situación económica, me pueden las ganas de disfrutar de unos días pegado a ella como una lapa. Serán menos de los previstos, a cuenta de las elecciones, pero intentaremos desconectar tanto como podamos.


Atrás quedaron las más de dos décadas en que nuestro destino cada verano era Oropesa del Mar, donde mis padres compraron en su día un apartamento en primera línea de playa y donde teníamos a nuestra disposición todo lo necesario para gozar de unos días de holganza y entretenimiento plenos. Hace ya unos cinco años que el piso fue vendido y desde entonces hemos cambiado Castellón por Pontevedra, donde siempre nos acogen mis hermanos con los brazos abiertos y donde; aunque el plan es otro completamente distinto, las risas están garantizadas. Tiempo para que los primos se reencuentren y no se aflojen los lazos que les unen. Tiempo también para escapar del horno en que la capital se transforma.

De visitar a mis hermanos, aparte por supuesto de su compañía y de la oportunidad de ver cómo crecen los tres sobrinos que allí tengo, lo que posiblemente más me gusta, incluso por encima de la gastronomía, que es variada y espectacular, es acompasarme al ritmo tan diferente con que la vida transcurre por aquellos lares. Cierto es que nuestra visita a ellos les trastoca el paso y que andan los días que allí permanecemos, invadiendo su espacio, más ajetreados y acelerados de lo que tal vez acostumbran para que sean para nosotros días de desconexión y asueto reales, pero sé que a ellos también les compensa el esfuerzo que realizan y que nosotros reconocemos y agradecemos con la mano en el corazón.


Aunque mi prioridad principal será compartir tiempo y anécdotas con mi familia, viajaré con el portátil bajo el brazo y el firme propósito en mi cabeza de trabajar en mi novela en los ratos que tenga libres. Avanzo muy lentamente y temo que a nuestro regreso, si las cosas discurren según lo previsto, pueda estancarse el proyecto, dado que confío que, entre agosto y septiembre, teniendo en cuenta que el lobo parece apaciguado y su mordisco ya es más tolerable, encontraré un buen trabajo que me impedirá dedicar tanto tiempo a mis escritos. Así que es mi intención darle un buen empujón a Todo lo que me ocultaste antes de que eso ocurra.

Y en cuanto al blog, pulsaré el botón de pausa durante las vacaciones, aunque seguiré colgando durante estos días algunas entradas escritas durante estos meses de convalecencia y que se han quedado en la carpeta de Borradores para dejar paso a otros que exigían, por diferentes motivos, tomar la delantera frente a sus hermanos, pero que escribí con el mismo cariño y que se merecen también hacerse visibles para los que me leéis. Pero no crearé contenidos nuevos. O al menos con esa idea viajaré, que luego ya me conozco....

Espero que todos y cada uno de vosotros disfrutéis de las mejores vacaciones a las que podáis aspirar y que estén llenas de experiencias inolvidables y de risas sin fin.

Nos vemos a la vuelta. Yo seguiré aquí, en este pequeño rincón del mundo virtual, para seguir haciendo lo que más me gusta: escribir y espero que os siga apeteciendo visitarme de vez en cuando.









No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los motivos de este blog

¿Por qué este blog?