lunes, 24 de julio de 2023

Y cayeron cincuenta

Querido yo adolescente,

Aunque pueda sorprenderte que lo haya recordado, te escribo desde el futuro, en concreto desde el 23 de julio de 2023, el día en que acabas de cumplir cincuenta años. No sólo no me he olvidado de atender la promesa que nos hicimos el uno al otro cuando alcanzamos la mayoría de edad, sino que durante estos últimos días me has venido con frecuencia a la mente. Esa inagotable preocupación tuya por lo que el futuro te depararía, por la persona en la que te habrías convertido al llegar a este punto del camino. Antes de nada te adelanto que la cifra, por muy redonda que pueda parecer, es absolutamente irrelevante, más allá del alivio que te proporcionará saber que aquí sigues, que ningún accidente o enfermedad te ha sacado irremediablemente del camino. Te sentirás exactamente igual al soplar cincuenta velas que cuando soplaste cuarenta y nueve. Y auguro que no será muy distinto el año que viene. También quiero, antes de entrar en detalles, darte un consejo: relájate, tómatelo con calma, disfruta del viaje. Carpe diem, como dice esa película que sé que tanto te gusta y que has debido ya ver como seis veces.

Recuerdo con meridiana claridad cuánto te angustiaba cumplir las expectativas. No ya las que tu familia pudiera haber depositado en ti. Ni siquiera las que tú mismo te impusiste. Te atemorizaba simplemente el no ser capaz de encontrar un trabajo o formar una familia. Tenías tus fantasías, claro, pero conseguir incorporarte a la dinámica de la vida común de los adultos era lo que te quitaba realmente el sueño. ¡Cuántas noches tratando de prepararte mentalmente para todo lo que significaba labrarte un futuro! O para lo que tú pensabas que aquello implicaba. Era tu monstruo en el armario, tu coco particular. En los días más bajos te visualizabas años después solo, sin nada que comer, debajo de un puente y sin familia alguna. Así de dramático te recuerdo a los dieciocho, aunque intentabas que nadie percibiese tus inseguridades y miedos.

Empezaré por la familia, dado que por algún sitio hay que empezar y es quizá esa la piedra angular alrededor de la que todo tu mundo gira. Porque tienes la tuya propia, ¿o qué pensabas?. No falta mucho para que te tropieces con una mujer excepcional que estará siempre a tu lado, aunque siendo tan lento como eras para ciertas cosas, tardarás en darte cuenta de que ella era la destinataria de los poemas que escribías sin haberla conocido aún, esa con la que soñabas tumbada a tu lado en la cama al fantasear sobre el futuro. Pero no te preocupes porque ella se percatará antes que tú y hará que todo vaya sobre ruedas. Y si no lo estropeas, caminaréis uno al lado del otro hasta el ocaso de vuestras vidas. Tendréis descendencia, aunque para no arriesgarme a alterar el bucle espacio temporal no te diré con cuántos hijos serás bendecido. No serán tantos como te habría gustado, pero es que, para serte sincero, te columpiaste mucho, machote. La vida hoy en día no está para tener una familia tan numerosa como la que deseabas.

Te aterraba también no estar a la altura en lo que a la paternidad se refiere. Te amedrentaba la impresionante altura a la que te parecía que tus padres y abuelos habían dejado situado el listón. No soy el más indicado para desvelarte tu nivel de satisfacción hasta la fecha con tu propio rendimiento en este ámbito, sobre todo porque aún queda mucha tela por cortar -que uno es padre hasta el último día-, pero sí te puedo confesar que en este momento, a tus cuarenta y diez, te sientes profundamente orgulloso de ser el padre de tus hijos.

El resto de los tuyos andan bien. Papá y mamá, con sus achaques, pero siguen tirando para adelante. Y los hermanos, bueno, gozan todos ellos de vidas felices y plenas, aunque vete preparando para hacer kilómetros si quieres verles, dado que eres el único que sigue residiendo en Madrid. Sorpresas te da la vida, ¿verdad? Con eso no contabas...

Ni famoso ni millonario. Tampoco lo ambicionabas a los dieciocho, pero no le habrías hecho ascos. Te ganarás la vida honradamente, apretándote el cinturón algunas veces y dándote muy de vez en cuando algún pequeño lujo. Lo harás lejos del sector en el que esperabas que hubiese un hueco para ti, pero salvo durante alguna etapa puntual de tu vida laboral, disfrutarás con las labores que desempeñes. Habrá días en que tu función te resultará gratificante y otros en los que te darás cabezazos contra la pared pensando que ese no era tu camino, pero al final, y esto no lo aprenderás hasta mucho más adelante, todo se termina equilibrando.

El deporte seguirá siempre muy presente en tu vida, pero tus hijos te arrastrarán a canchas muy distintas a esas en las que tú te dejas cada domingo los tobillos. Llorarás con algunos de sus éxitos y te llevarán los demonios con sus fracasos, pero te lo vas a pasar teta. Y como espectador deportivo contemplarás triunfos del deporte español que ni siquiera puedes imaginar. Si yo pudiera contarte, pero claro, aprovecharías la información para enriquecerte gracias a las apuestas deportivas, negocio que, por cierto, te asombraría descubrir lo mucho que se ha expandido por todo el mundo. 


Sigue leyendo, oyendo música, viendo películas. Gracias a las Bellas Artes adquirirás conocimientos que te aportarán una perspectiva de la vida y del ser humano que te será siempre de utilidad. E intenta no dejar nunca de escribir. No siempre te resultará sencillo encontrar momentos para ello, pero esfuérzate por no perder el hábito. Descubrirás cosas sobre ti mismo que de otra manera no podrás conocer y además comprenderás que pocas cosas te producirán mayor paz que el plasmar sobre el papel tus ideas, tus historias y tus pensamientos.

Cuida de tu salud. Limita tus vicios si no puedes desprenderte de ellos. Haz deporte. Come sano. Todo eso que tus padres te andan diciendo últimamente con tanta frecuencia y que a ti te parece una tortura escuchar, será lo mismo que tú les dirás a tus hijos y entenderás que ellos tenían razón al darte esos consejos.

Vas a tener un primer medio siglo maravilloso. También las cosas malas que te ocurran terminarán formando parte de esta sensación que hoy me embarga a mí de que la vida está siendo generosa contigo. No pierdas el tiempo preocupándote por aquello sobre lo que no tengas control. Intenta pararte a mirar de vez en cuando el paisaje.

Y por último, adquiero un nuevo compromiso contigo: cuando cumpla setenta y cinco volveré a escribirte, te adelantaré algunas cosillas de lo que te espera y, cómo no, dado que es mi obligación, te daré unos consejillos.

Hasta entonces, VIVE.


  

1 comentario:

  1. Me gusta esta visión de futuro,prácticamente aciertas en casi todo lo que te depara la vida.Felices 50

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