sábado, 2 de septiembre de 2023

Lo que la cancha nos da: Sergio Usero

Todo entrenador quiere contar en su plantilla con un jugador como él. Alguien disciplinado y con la suficiente capacidad para interpretar el baloncesto que tienes en mente y que deseas que tu equipo despliegue sobre la pista de juego. Alguien que ejerza de ancla, que mantenga siempre su posición y evite que todo se desmorone. Alguien con la ascendencia suficiente sobre sus compañeros para propiciar que todos remen en la misma dirección y que consiga que los demás se exijan más a sí mismos en cada partido y cada entrenamiento. Alguien que no se amilane frente a las adversidades y defienda con rigor y contundencia. Alguien que ayude al conjunto a sobreponerse en los malos momentos. aporte en ataque y de ejemplo a los demás con su esfuerzo. Todo colectivo necesita que entre sus filas haya un tipo que asuma ese rol, el capitán al que todos toman como referencia, el líder que guía con mano firme al grupo hacia la victoria. En Alcorcón Basket 2008, el equipo en el que juega Marcos, nuestro hijo pequeño, lo tenemos, y gran parte de los éxitos alcanzados por el grupo durante todos estos años empiezan y acaban en él: Sergio Usero.


Junto a Marcos y a Hugo Larrey, nuestro Sergio Llull doméstico, él es el único que permanece en el equipo desde que arrancaron en categoría Benjamín, allá por septiembre de 2016, hace ya siete años que, debo decir, se nos han pasado volando viéndoles desarrollarse como personas y crecer como jugadores de baloncesto. Se unió al club procedente del Colegio Arcángel Rafael y ya desde su primer año, con tan sólo ocho primaveras, destacaba en el grupo por su formalidad y por la seguridad con la que afrontaba cada ejercicio, cada reto y cada partido. El hecho de ser tan exigente consigo mismo no implicaba que careciese de habilidades para relacionarse y divertirse con sus compañeros, más propensos que él al despiste y a la travesura simpática en la realización de dinámicas grupales. Más bien todo lo contrario, poseía un don para distinguir perfectamente cuándo tocaba pasarlo bien y cuándo trabajar, y disponía de recursos incluso para ser él quien iniciase, en los momentos que correspondía, el chascarrillo que a todos hacía reír.

Durante los años de canasta mini su personalidad continuó perfilándose en la línea hacia la que ya apuntaba: un chaval con una mentalidad competitiva notable, pero con un control sobre sus emociones en la pista más propia de un tenista de alto nivel que de un niño de su edad. Rara era la vez en que un error o un acierto afectaran a su manera de comportarse en el campo. Como un martillo pilón continuaba realizando la tarea que desde el banquillo se le había encomendado, aunque a medida que iba sumergiéndose en los entresijos de este deporte, fue añadiendo a su repertorio la habilidad de tomar decisiones generalmente correctas frente a los imprevistos, en esos momentos puntuales en que la pizarra deja de importar y priman el instinto y la inteligencia. Daba igual el entrenador que le dirigiese o los compañeros que le acompañasen sobre el parqué. Seguía siendo indispensable para el desarrollo del juego del conjunto y los técnicos de los que tuvimos la suerte de disfrutar durante esos años (Juanpe González y Ángel Santano), que detectaron pronto las fortalezas mentales y físicas de Sergio, le ayudaron con mano firme y afectuosa en su desarrollo, convirtiéndose el chaval, especialmente con Ángel, en la prolongación del míster sobre el campo.


Si tenía una carencia durante esos primeros años, era quizá su escasa aportación en lo referente a la anotación. Defendía, asistía, reboteaba y se fajaba con intensidad y compromiso, pero pocas canastas llevaban su rúbrica. Era un puntal en defensa, pero adolecía de presencia ofensiva. No tenía prisa. Cuando determinó que era el momento de mejorar su rendimiento en ese aspecto del juego, una vez consolidado todo lo demás, se empleó a fondo. Ganó confianza en las penetraciones, en ser él quien asumiese la responsabilidad de ir un poco más allá de lo que de él se esperaba en ataque. También en esa disciplina los resultados fueron llegando y ya en Infantil y en el primer año de cadete comenzó a promediar más de diez puntos por partido, unos datos excelentes para un jugador de estatura media y con mucho margen aún de mejora en el tiro exterior. 

Asumió, cuando le llegó el turno, los galones de capitán del equipo con absoluta naturalidad, la misma con la que acogieron sus compañeros, tanto los veteranos como los que se iban incorporando cada año al equipo, la decisión del cuerpo técnico. Y nadie se ha planteado desde entonces que fuera necesario cambio alguno porque era el mejor capitán de todos los posibles. Los entrenadores que durante estos años han trabajado con ellos, como he dicho al principio, daban palmas con las orejas por tener un tipo así en el plantel.

A pesar de los logros deportivos conseguidos (dos Campeonatos de Madrid y una Final Four Infantil) y su peso en un equipo tan talentoso como siempre lo ha sido este Alcorcón Basket 2008, es uno de los grandes olvidados por la Federación de Baloncesto de Madrid, que dejó de convocarle en Benjamín, junto a otros jugadores del equipo que posiblemente atesoraban méritos y nivel para ello. La verdad es que me da la sensación de que poco le ha importado, y no porque considere irrelevante representar a su Comunidad, sino porque nunca se ha dejado distraer por zarandajas de este tipo. Él se marca otras metas.

Mi hijo siempre sale de los entrenamientos que le han salido bien con una sonrisa de oreja y comentando cual pregonero municipal sus avances, sus jugadas, sus tiros. Hoy no he podido ir a verle a entrenar, pero me llegaban por whatsapp noticias de que lo estaba haciendo muy bien y de que había realizado incluso alguna acción merecedora del aplauso de los presentes, así que le esperaba en casa dispuesto a que me contara al dedillo y entusiasmado sus hazañas. Pero para mi sorpresa, ha entrado en casa cabizbajo y meditabundo, sin hacer ninguna clase de alarde. Cuando le he preguntado, extrañado, qué le pasaba, me ha respondido que no había podido despedirse como le habría gustado de Sergio, su socio durante todos estos años. Y ha empleado esa media hora, que yo pensaba que utilizaría para vanagloriarse de sus acciones hoy en la pista, en compartir conmigo todo lo que va a echar en falta este año con la marcha de su amigo.



Tanto por su actitud en el campo como por la relación con sus compañeros y con los padres que hemos sido testigos de su evolución, se merecía, aunque aún no sea un Juan Núñez o un Baba Miller (y recalco ese "aún"), una entrada en este blog que le hiciera justicia. Y a ello me he puesto, pocas horas antes de que vuele a Canadá para cursar allí el próximo año académico, decisión promovida por él mismo y no por sus padres, amparado en ese afán, como siempre, de ir un poco más allá en su formación personal y deportiva. Deja el equipo, esperemos que de manera temporal, en un momento dulce, a punto de iniciarse una temporada ilusionante por el sobresaliente grupo humano y deportivo que se ha conformado y por los ambiciosos objetivos que se han marcado, pero no me cabe ninguna duda que, cada fin de semana, vestido con la equipación oficial del club, en la lejana Canadá, se dejará la voz animando en la distancia a su Alcorcón Basket y que los chicos seguirán sintiendo su aliento y su presencia en cada jugada.  

¡Buena suerte y buen viaje, Sergio!


4 comentarios:

  1. Ole ole y ole .....un lujo de verdad.
    Seriedad,compromiso y mucho baloncesto.
    Difícil de sustituir.
    A esperar.......

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    Respuestas
    1. Volverá, estoy seguro. No sé cuándo, si será el año que viene o más adelante, pero volverá.

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  2. Que maravilla de post!! Dejar plasmado lo maravilloso de una gran persona a través de tus palabras. Gracias Santi y suerte para Sergio

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