viernes, 22 de septiembre de 2023

Otoño, por fin

Desde que el calor del verano reniega de Madrid hasta que comienzan a llegar los días más fríos del invierno. Ahí, en ese espacio de tiempo, me quedaría yo durante todo el año a vivir. Ni siquiera la primavera me reconforta tanto como lo hace el otoño, con la lánguida caída de las hojas de los árboles, con esas temperaturas moderadas durante el día y sus noches cada vez más frescas y largas, con las gotas de lluvia rebotando contra las ventanas. Toda la pompa meteorológica y la metamorfosis que sufre la naturaleza que nos rodea me caldea el ánimo y me equilibra, dejando atrás la asfixiante atmósfera veraniega.


Son septiembre y octubre meses de recogimiento gradual, de recuperación de costumbres familiares suspendidas durante meses, de emprender nuevas aventuras o reanudar las que tuvimos que pausar al llegar el estío. Los estudiantes regresan a las aulas y los adultos a sus oficinas. Los más previsores y los más impacientes comienzan a comprar los regalos para la Navidad y los más aventureros a buscar destinos en Booking a los que escaparse durante los puentes del Pilar, los Santos y la Constitución. Se guardan las sillas playeras, las sombrillas y las toallas. Entre bolas de naftalina aparcamos los bañadores y los pantalones cortos. Sustituimos las chanclas por las zapatillas de estar por casa. Colgamos en las perchas la ropa que usaremos durante los próximos cinco o seis meses. Cambiamos los gazpachos y las ensaladas por las legumbres y los cocidos. Recuperamos el pulso de nuestras vidas.

Todo esto, que a muchos entristece, a mí me serena. Encuentro algo apaciguador y familiar en la mecánica de la rutina habitual. No le hago ascos a la euforia de la primavera o a la holganza del verano. Tampoco a la multitud de posibilidades que las estaciones más soleadas ofrecen. También a mí me gusta tumbarme al sol, la comodidad de la ropa corta, disponer de más horas de luz, las terrazas de verano, sorber con fruición un granizado por las noche mientras camino por un paseo marítimo. Pero cuando llega el otoño, siento que estoy de vuelta en casa.

Mientras que en primavera las calles y los parques se llenan del variado colorido de las flores, en septiembre y octubre se acumulan en las estanterías de las librerías las más importantes novedades literarias del año. Es una avalancha que aguardo con ansiedad. Ya han llegado las nuevas novelas de Arturo Pérez-Reverte y de Antonio Muñoz Molina y durante estos dos meses caerán también las de varias decenas de autores más que estoy deseando leer. Una primavera cultural que se extiende también a la industria discográfica, que frena en seco su actividad durante julio y agosto y que reserva sus lanzamientos más importantes para estas fechas, de cara a la Navidad. El cine, con los Oscar a la vuelta de la esquina, se renueva tras una sosa cartelera veraniega sostenida por películas infantiles, algún Blockbuster para hacer taquilla y la habitual entrega de los niños de Santiago Segura. Sólo Oppenheimer se ha salvado este verano. Las plataformas digitales, especialmente a finales de otoño, tratando de atraer a la audiencia que se encierra en sus casas para disfrutar del calor del hogar, estrenan series nuevas o las correspondientes temporadas de sus productos más exitosos. Uno no se aburre en otoño. Y en mi caso, por si eran pocos los alicientes para acoger con los brazos abiertos a la estación de las hojas secas, volverán también los fines de semana los partidos de baloncesto de mis hijos, que son, hoy por hoy, una de las acicates más estimulantes en mi vida, consciente de que esta etapa no dura demasiado y que pronto terminará. 

Hemos disfrutado durante dos meses -unos más que otros- de las bendiciones de este sol español que es envidiado por medio mundo. Se han hecho largos para muchos porque el calor apenas ha dado tregua y las temperaturas han sido muy elevadas. Hemos gozado -unos más que otros- de vacaciones y de la oportunidad de recargar las pilas para afrontar el nuevo curso. Este verano hasta hemos ejercido nuestro derecho constitucional y más de uno ha votado por primera vez en bermudas y cangrejeras. Pero se acabó. Ahora llega el otoño y con él, superados ya los primeros días del curso escolar, que siempre son complicados hasta que todo se asienta, la oportunidad de compartir más estrechamente nuestras vidas con los nuestros.  

Disfrutadlo.



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