domingo, 8 de enero de 2023

Fin de fiesta

Bueno, pues se terminaron las Navidades. Estoy seguro que habrá a quienes se le hayan hecho largas, eternas en algunos casos, pero yo me quedaría a vivir en ellas. A mí me han quedado muchas cosas por hacer, muchos sitios por visitar y  mucha gente con la que me habría gustado brindar. Aunque voy mejorando, los excesos por ahora sólo en casa, donde puedo, si los dolores aprietan o la medicación me produce sueño, acostarme arropado con mi manta eléctrica. Amigos con los que no he podido compartir unas cervezas, esas familias morateña y marteña a las que me habría gustado desear en persona un feliz año nuevo, la materna, con la que tantas y tantas cosas he vivido y con la que este año tampoco ha podido ser...


Pero para mí han sido unas buenas Navidades. Han roto la rutina a la que me veo condenado desde hace meses, caso siempre en mi cueva, sin asomar mucho la cabeza. Se adelantaron al puente de la Constitución, cuando mi hermano Carlos vino a Madrid y pudimos, como siempre, reirnos de lo mayores que nos hacemos y de lo buena gente que seguimos siendo. Pude celebrar con mis padres que ya son cuarenta y nueve veinticincos de diciembre juntos, con unas copas y unas partidas, esta vez de Indicios, un juego con el que ya se nos iban las horas hace treinta años. Y comerme las uvas con mi suegra y mi cuñada, con las que, como en años anteríores, me reí hasta tener que pedir una pausa tratando de conseguir esa foto perfecta, esa que refleje el buen rato que estábamos pasando. Y comí con mis otros dos hermanos, Javier y Elena, aunque fuese en un día tan poco especial como lo es un tres de enero. ¡Qué risas con La Casa de los Retos! Y sobre todo, he podido pasar muy buenos ratos con mi mujer, cada año más joven y bonita que el anterior, y mis hijos, cada año más hombres, más ellos mismos. ¿Quién necesita nada más?

Pero siempre hay un momento de debilidad en que la nostalgia aprieta hasta cortar la respiración. Cuando la fiesta ha terminado y todos duermen. Y tú te tomas la última, en soledad, velando su sueño y valorando lo que el año que se fue deja. Haciendo balance. Cambiarias algunas de las cosas que te han pasado, revives otras maravillosas y sobre todo te acuerdas de algunos que salieron voluntariamente de tu vida, como ese amigo que te dijo "hablamos" y del que nunca más supiste; o de aquellos que perdieron la vida y a los que imaginas, allá donde estén, empujándote para ser mejor. Cruzas los dedos para que los que están cerca de ti sigan estando el año que viene, y que estén bien. Es un momento extraño en el que dudas entre irte a dormir o quedarte un rato más, servirte otra copa si hace falta, porque uno está a gusto así, en silencio, pensando en uno mismo y en los demás, haciendo balance y rezando para que la suerte nos sonría a todos. Yo me suelo tomar una más, me siento cómodo en esa soledad que me hace reflexionar.

Y es que a mí las Navidades me huelen a magia desde el momento en que en casa sacamos el árbol y los adornos. Se respira un aire distinto. Hay algo diferente en el ambiente, algo acogedor. Nochebuena y Navidad siempre han sido en mi caso fiestas para abrigarse al calor de la familia, contando anécdotas, brindando por cualquier tontería. Nochevieja, una celebración cargada de expectativas y optimismo. La de Reyes es pura ilusión, sobre todo cuando a tu alrededor hay niños. Todo es magia en estas fechas. Y un año más la he sentido. Dan igual los años que uno vaya cumpliendo. Si crees en la bondad del ser humano, en su capacidad para el amor y la superación, entenderás de lo que hablo.

Cuando los fuegos artificiales se desvanecen y el papel de regalo se amontona en los contenedores de basura, cuando recogemos las figuras del Belén y los seres queridos se marchan para retomar sus vidas, todos nos sentimos un poco más tristes porque la vida nos va a atropellar de nuevo con sus rutinas en un santiamén. Miraremos el calendario para ver cómo cae este año la Semana Santa y empezaremos a pensar qué quincena pedir de vacaciones en verano, respiros que nos tomamos a lo largo del año, también con sus alegrías, pero distintos. Porque la fiesta, por el momento, se ha acabado y tendremos que esperar un año entero para revivir la magia, un año para volver a sentirnos tan cerca de los demás como sólo lo hacemos en Navidades. Para mí, al menos, siempre ha sido así. 

Es el fin de la fiesta. Pero habrá más y cada una será especial y diferente. Porque la magia de estos días siempre estará ahí para quien desee disfrutar de ella.


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